Erc se rinde al acto de rufián y montero pese a rechazar su frente de izquierdas
La cúpula de erc tragará saliva y asistirá el 9 de abril al acto que Gabriel Rufián ha montado con Irene Montero en Barcelona. Lo confirmó este lunes el portavoz republicano, Isaac Albert, con la misma naturalidad con la que se pronuncia sobre el tiempo: sí, irán, aunque su partido siga diciendo que la alianza de izquierdas que defiende el líder republicano en el Congreso es inviable.
El acto, titulado Què s'ha de fer?, se celebrará en el campus de la Ciutadella de la Universidad Pompeu Fabra. Allí, Rufián repetirá la jugada que ya ensayó en febrero en Madrid con Emilio Delgado (Más Madrid): una conversación en público sobre cómo frenar a la extrema derecha sin necesidad de siglas. erc envió entonces a cuatro de sus pesos pesados. Esta vez, Albert no ha desvelado nombres, pero el mensaje es idéntico: estaremos, pero no firmamos.

La rebelión interna que no se atreve a pedir la palabra
Detrás del gesto de cortesía se esconde la pugna que erc no logra zanjar. Joan Tardà, exportavoz republicano en el Congreso, lidera una corriente interna que sí abraza el frente amplio. Su grupo exige que la militancia se pronuncie en una consulta. Albert recordó que el reglamento lo permite, pero matizó: «Hasta ahora, nadie ha presentado una solicitud formal». Traducción: la rebelión existe en los pasillos, aún no en los papeles.
Rufián, mientras tanto, multiplica actos sin esperar el visto bueno de su comité de dirección. Su tesis es simple: si la izquierda no se reagrupa provincia a provincia, Vox seguirá creciendo. erc teme que esa lógica diluya su marca catalana y erosione el discurso de que «nosotros no somos Podemos». Pero la asistencia de la cúpula al acto del 9 de abril delata la presión real: ignorar a Rufián en público sería regalarle una foto de víctima.
Así que el partido opta por la equidistancia: rechazo oficial, butacas ocupadas. Una coreografía que ya vimos en febrero y que, salvo sorpresa, repetiremos cada vez que el diputado catalán encienda un foco. Porque en política, a veces, el gesto más duro es simplemente estar presente para no dar excusas.