Erdogan arremete contra el jefe de la oposición: le exige 10.000 euros por llamarle golpista

Trinidad Perdiguero, Estambul – El pulso entre el palacio de Erdogan y el líder del CHP se enciende. Recep Tayyip Erdogan ha presentado este lunes una demanda civil que reclama 500.000 liras –9.700 euros– a Özgür Özel por un solo adjetivo: golpista. Lo dijo ayer en Kusadasi y hoy ya hay papel sellado en el juzgado.

La frase que enciende la mecha

“Podrías haber pasado a la historia como alguien exitoso… pero elegiste ser jefe de una junta y encabezar un golpe; pasarás a la historia con esta vergüenza”, espetó Özel ante miles de afiliados. La frase fue la estocada final de un mitin que denunciaba la prisión preventiva del alcalde de Estambul, Ekrem Imamoglu, y el giro del que fuera alcaldesa de Aydin, Özlem Çerçioglu, hacia el partido de Erdogan tras, según el CHP, chantaje judicial.

El abogado personal del presidente, Hüseyin Aydin, no ha tardado ni 24 horas en anunciar la acción. En su cuenta de X escribe que el discurso de Özel rebosa “expresiones inapropiadas y acusaciones infundadas”. No aclara qué párrafo le duele más, pero el diario progresista BirGün ya lo adelanta: el epíteto de golpista es el blanco.

La cuenta de la infamia: 70.000 euros en doce meses

La cuenta de la infamia: 70.000 euros en doce meses

La denuncia suma siete demandas civiles en un año. Entre todas, el palacio reclama más de 3,5 millones de liras, cerca de 70.000 euros, a periodistas, alcaldes y ahora al propio líder de la oposición. La táctica no es nueva: monetizar el desprecio para disuadir la crítica. El mensaje es claro: hablar cuesta.

El CHP, por su parte, lleva meses tejiendo la narrativa de “golpe de Estado judicial” desde que los tribunales –vistos por la oposición como oficinas del AKP– encarcelaron a Imamoglu y decenas de alcaldes socialdemócratas. Con cada citación, la coartada se refuerza: callar con la factura.

Özel no se arruga. “Que me demanden todos los palacios que quieran; la historia ya ha escrito su veredicto”, ha respondido esta tarde. La siguiente audiencia está por fijar, pero el daño reputacional ya viaja por WhatsApp, radios y cafés: un presidente que se pega a la cartulina de víctima mientras aprieta el torno a sus rivales.

La lira se devalúa, la inflaz roza el 70% y Estambul debate si pedir perdón por un insulto vale más que gobernar la mayor metrópoli del país. La factura, al final, la seguimos pagando todos: 10.000 euros por verbo, 70.000 por disentir. La cuenta corre y el reloj electoral, también.