España desafía a israel y ee.uu. en plena guerra de irán

La diplomacia española ha pasado de la cautela al desafío abierto. En menos de 24 horas, el Gobierno de Pedro Sánchez ha convocado a la embajadora israelí, cerrado el espacio aéreo a aviones estadounidenses y exigido el cese de la ofensiva sobre El Líbano. Un giro que desata la tormenta en Oriente Medio y que Madrid ha decidido surfear sin redes.

La misa que encendió la mecha

El incidente parecía menor: un grupo de peregrinos españoles, entre ellos el propio obispo de San Sebastián, se quedó ayer sin poder oficiar la misa en el Santo Sepulcro. Israel bloqueó el acceso. La excusa: “motivos de seguridad”. La realidad: un mensaje político. La respuesta de Exteriores fue inmediata: convocatoria de Rodica Radian-Gordon, la representante israelí en Madrid, y una protesta formal que sorprendió por su dureza. “No se tocan símbolos religiosos”, advirtieron fuentes de La Moncloa. Horas después, Jerusalén rectificó. Pero la grieta ya estaba abierta.

Lo que nadie cuenta es que esa grieta se agrandó con un segundo movimiento: el cierre del espacio aéreo español a los B-52 y C-17 que sobrevuelan Europa rumbo a la zona de combate. Margarita Robles, ministra de Defensa, asegura que la medida se adoptó “desde el primer minuto” del ataque israelí contra Irán. Fuentes del Ejército del Aire desmienten la versión oficial: “Se les avisó cuando ya llevaban horas sobrevolando Cartagena”. La OTAN calla. Washington, también.

El precio de la electricidad y del bacalao

El precio de la electricidad y del bacalao

Mientras los misiles cruzan el cielo de Irak, el euríbor se dispara su mayor subida desde 2023. Las hipotecas encarecen 60 euros al mes de media. En el mercado OMIE, el precio de la luz se ha estabilizado por debajo de marzo, pero la volatilidad es tal que las eléctricas han activado el “protocolo guerra”: plantillas en casa, despachos móviles y generadores diésel en recintos industriales. “Si Irán cierra el estrecho de Ormuz, esto es un paseo”, susurra un ejecutivo de Iberdrola.

Lo mismo ocurre con el bacalao. La Semana Santa consume el 40 % del bacalao anual en España. Este año, la flota noruega ha encarecido el precio un 12 % por el riesgo de pasar por el Golfo Pérsico. Las cofradías andaluzas ya han avisado: “Procesión sí, pero con merluza”. La ironía: la guerra lejana sube la cena de Cuaresma en Sevilla.

La nacionalidad exprés que incomoda a maduro

En paralelo, el Consejo de Ministros aprobará mañana la nacionalización exprés de Leopoldo López. El opositor venezolano, protegido de la ONU en Madrid desde 2020, obtendrá el pasaporte español por carta naturalística. El proceso, que suele tardar diez años, se resuelve en una firma. La medida desata el enfado de Caracas, que ya ha calificado la decisión de “intromisión colonial”. Diplomáticos europeos advierten: “Esto complica el diálogo con PDVSA sobre deudas y represas”.

La contrapartida llega horas después: el Vaticano y el Gobierno firman el protocolo para indemnizar a las víctimas de abusos sexuales dentro de la Iglesia. No habrá tope económico, pero sí un fondo inicial de 500 millones. “La reparación no tiene precio”, dice Félix Bolaños. La Conferencia Episcopal, dividida, acepta “por humanidad”. Las víctimas, escépticas: “Que paguen de su bolsillo, no de las limosnas”.

En el Palacio de Santa Cruz, mientras tanto, la bandera está a media asta. Ha muerto Carlos Westendorp, el ministro que en 1998 diseñó la política exterior española del “no sin Europa”. Sus colegas le recuerdan como el diplomático que impidió una guerra en el Sáhara y que ahora, en la misma sala donde firmó acuerdos, observa cómo España se juega la credibilidad entre Teherán, Tel Aviv y Washington.

La jornada termina con Rosalía en el Movistar Arena. El público canta en catalán. Afuera, un grupo de manifestantes corea “Free Palestine”. Dos idiomas, un mismo eco: la geopolítica ya no cabe en los telediarios, se cuela hasta en los conciertos. La semana arranca con fuego en Oriente Medio, subidas en la hipoteca y un pasaporte que cambia de manos. España, que ayer miraba hacia otro lado, hoy ha dicho basta. Y el precio de decirlo se empieza a pagar en la factura de la luz y en la misa que no se pudo celebrar.