España y perú sellan en madrid un pacto de oro para el mundial

Madrid se convierte hoy en el tablero donde España y Perú mueven sus fichas de cara al Mundial. Rafael Louzán, presidente de la RFEF, ha recibido en Las Rozas a Agustín Lozano, su homólogo peruano, para cerrar el último amistoso de la roja antes de la cita del planeta: el 8 de junio en Puebla, México, bajo el lema Puebla, tierra de campeones; la prueba final. Perú vs España.

La reunión, a la que también asistieron el secretario general Álvaro de Miguel y la secretaria de la FPF, Sabrina Martín, ha dejado sobre la mesa un calendario que nadie quiere verbalizar: el partido de Leganés de esta tarde —Perú-Honduras en Butarque— es solo un ensayo. El verdadero examen es el estadio Cuauhtémoc, donde Luis Enrique podrá medir a su joven armada contra la zurda de Lapadula y la sangre fría de Gallese.

Negocio y política se abrazan en un despacho

Detrás del protocolo hay un guiño al lobby hispano en América. La sede mexicana no es casual: Puebla concentra la segunda comunidad de españoles en el país azteca y Televisa paga en dólares por un partido que, en Europa, se cotiza en libras. La RFEF no publica cifras, pero fuentes del entorno calculan un ingreso bruto de 4,5 millones por derechos y taquilla. La pelota ya rueda en la hoja de Excel.

Para Perú, el encuentro es un salvavidas de prestigio. Tras quedarse fuera del Mundial de Catar, la FPF necesita un rival top que devuelva ilusión a una afición que aún paga en soles devaluados. Lozano, que llegó a Madrid escoltado por empresarios de la camiseta oficial, ha encontrado en Louzán un aliado que le ofrece visibilidad y, de paso, le abre la puerta a academias de jugadores en Galicia y Andalucía. Intercambio de cromos con retorno.

La roja, mientras tanto, aprovecha para despedirse de Europa con un experimento: la mitad del equipo titular será la generación sub-23 que se estrenó en la Nations League. Luis Enrique quiere que Puebla sirva de crisol para que Pedri, Gavi y Ansu Fati llegen a agosto con la misma frescura que en septiembre. El riesgo es físico, pero el premio es psicológico: vencer a una selección sudamericana fuera de casa sella la carta de credenciales ante Brasil y Argentina.

El viejo cuauhtémoc vuelve a rugir

El viejo cuauhtémoc vuelve a rugir

El estadio, construido en 1968 y rehecho en 2015, huele aún a nuevo. Sus 51.000 asientos se llenarán en tres horas cuando se abran las taquillas virtuales. La afición mexicana, que ya compró 18.000 entradas, se repartirá entre peruanos de segunda generación y españoles que trabajan en la industria del aguacate. El cóctel es explosivo: ceviche contra jamón, charango contra guitarra. Y en el centro, un balón que vale más que oro.

El contrato incluye una cláusula de confidencialidad sobre el arbitraje: la FIFA designará a un colegiado neutral, pero ambas federaciones han pedido que no sea ni mexicano ni sudamericano. El miedo al VAR y a la polémica arbitral plana sobre Puebla como la ceniza del Popocatépetl. Nadie quiere dejar puntos en suspenso antes de cruzar el Atlántico.

Tras la foto de rigor, Louzán regaló a Lozano una camiseta firmada por la plantilla y recibió a cambio una bandera de Machu Picchu tejida a mano. El gesto dura tres segundos, pero el impacto económico se alargará hasta diciembre: los sponsors peruanos de cerveza y telefonía han activado ya campañas en Madrid y Barcelona. La pelota ya no es solo un juego; es un producto que se exporta mejor que el aceite de oliva.

La roja volará el 5 de junio a Ciudad de México. Perú llegará desde Lima con dos días menos de descanso. El amistoso no dirá quién levantará el Mundial, pero dejará claro quién ha aprendido a negociar fuera del césped. El fútbol moderno se inventó en las oficinas; el 8 de junio solo hay que exhibirlo en la pantalla.