Eurodiputados aterrizan en china por primera vez en ocho años
Nueve eurodiputados pisaron este martes suelo chino por primera vez desde 2017. No es un viaje de cortesía. Detrás de la retórica diplomática de Pekín sobre «relaciones sanas y estables», hay una agenda muy concreta: averiguar por qué millones de paquetes procedentes de plataformas como Shein, Temu o Alibaba llegan a Europa sin cumplir las normas que sí obligan a cualquier empresa comunitaria.
El regreso después del congelamiento
El viaje no habría sido posible hace apenas unos meses. Durante cuatro años, las relaciones entre Pekín y el Parlamento Europeo estuvieron bloqueadas por un cruce de sanciones que arrancó en 2021, cuando china respondió a las medidas europeas por violaciones de derechos humanos contra la minoría uigur con represalias propias contra parlamentarios y entidades del bloque. Solo en 2025, con la retirada mutua de esas sanciones, se abrió la puerta a este tipo de visitas. Lo que parecía imposible hace un año es hoy una delegación de tres alemanes, tres franceses, un neerlandés, un polaco y una danesa recorriendo Pekín y Shanghái.

Shein, temu y el agujero en las aduanas europeas
La portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores chino, Mao Ning, se empleó en el lenguaje habitual de Pekín para estas ocasiones: intercambios legislativos, cooperación, conocimiento mutuo. El discurso oficial chino siempre suena así de pulido. Pero los eurodiputados llegan con preguntas mucho más incómodas.
El Parlamento Europeo lo explicó sin ambages en su comunicado: la preocupación central son las infracciones sistemáticas de normativa europea a través del alto volumen de paquetes pequeños que entran al mercado comunitario desde plataformas no europeas. El mecanismo es conocido: envíos de bajo valor que se cuelan por los umbrales aduaneros y eluden controles de seguridad del producto, protección al consumidor y competencia leal. Millones de ellos. Cada día.
En Pekín se reunirán con la Cámara de Comercio de la UE —que lleva años documentando las trabas de acceso al mercado chino para empresas europeas— y con representantes de Alibaba y Shein. En Shanghái, les toca Temu y una visita al aeropuerto internacional de Pudong junto a las autoridades aduaneras chinas. Ahí, en esa pista de aterrizaje, se mueve buena parte del comercio electrónico transfronterizo que tiene en vilo a los reguladores europeos.
Una relación que no cuadra en las cuentas
china es el tercer socio comercial de la Unión Europea. El dato suena bien hasta que se mira la otra cara: la relación es profundamente asimétrica. Las empresas europeas encuentran barreras de acceso en china que no existen en sentido inverso. El mercado único europeo, abierto y regulado, funciona muchas veces como una autopista de entrada para productos y plataformas chinas que no tendrían que sortear los mismos obstáculos que sus competidores europeos.
Esa asimetría es el verdadero fondo de este viaje. La diplomacia lo llama «fomentar una competencia justa». Los empresarios europeos en Shanghái lo llaman de otra manera.
Ocho años son mucho tiempo en política comercial. Que haya que viajar a china para explicarles qué es el Reglamento de Mercados Digitales europeo dice bastante del estado de la conversación hasta ahora.