Eurovisión asia desembarca en bangkok: 10 países ya se juegan la corona musical
Bangkok se convertirá el 14 de noviembre en la capital asiática de la melódica. Diez países han confirmado ya su participación en la primera edición de Eurovisión asia, una versión que trasladará el formato de la mítica competición europea al continente más poblado del planeta. Tailandia, anfitriona, competirá con Corea del Sur, Filipinas, Malasia, Camboya, Laos, Vietnam, Bangladesh, Nepal y Bután. La lista, avisan desde la organización, podría crecer en las próximas semanas.

Un concurso que ya suma 600 millones de potenciales espectadores
La cifra habla por sí sola: solo los diez países confirmados reúnen una audiencia potencial de 600 millones de personas. Un mercado que la European Broadcasting Union (EBU) lleva años tentando sin lograr hasta ahora despegar un formato propio en asia. La clave, como en Europa, estará en las televisiones nacionales. Cada cadena deberá organizar su propio casting interno para elegir al representante que defenderá su país en la final de Bangkok.
La operación no nace de la nada. Hace una década, la EBU ya intentó exportar la marca Eurovisión a Asia con un proyecto que quedó en agua de borrajas. Esta vez, el sello Eurovisión Asia nace con socios locales y un respaldo económico que hasta ahora se había resistido. El aniversario número 70 del concurso europeo sirve de coartada para abrir un nuevo frente de ingresos y visibilidad en un continente donde la competición entre plataformas streaming por contenidos en directo se ha vuelto feroz.
Lo que nadie cuenta es que el modelo asiático podría superar al europeo en audiencia global. Corea del Sur, por ejemplo, lleva años exportando su industria K-pop a niveles de saturación. Ahora, la posibilidad de ver a sus ídolos compitiendo bajo un formato occidental puede disparar la fiebre fan a niveles inéditos. Y no solo allí: Vietnam y Filipinas suman juntas casi 200 millones de habitantes con una media de edad que ronda los 25 años. Un público joven, conectado y con ganas de consumir eventos en directo que en Europa ya empiezan a agotarse.
La EBU no ha desvelado aún quién se encargará de la producción del espectáculo, ni el coste de los derechos de emisión para cada país. Pero fuentes internas apuntan a que las negociaciones con plataformas como Viu, iQIYI o incluso Netflix ya están en marcha. El objetivo: que la gala de noviembre no solo se vea en televisión, sino que se convierta en un episodio global de consumo bajo demanda. La apuesta es alta. Y el riesgo, también: si el formato no cuaja, la marca Eurovisión podría salir diluida de una aventura que hasta ahora solo había conocido el éxito.
La primera semifinal europea de Eurovisión se emitió en 1956 para una audiencia de poco más de cinco millones de personas. Sesenta y ocho años después, Bangkok podría batir ese récord en solo un país. La canción que gane en noviembre quizá no se recuerde. Pero el negocio que se abre tras ella ya es, hoy, imparable.