Gayà se blinda y ugrinic se hunde: el valencia retorna con heridas abiertas
El Valencia volvió a la práctica con más vendas que balones. José Luis Gayà se ejercitó enmascarado —un protector de carbono que le cambia la cara y avisa al Celta— mientras Filip Ugrinic seguía exiliado en el gimnasio, su rodilla tan inestable como la clasificación del equipo.
La semana arranca con dos velocidades
Después del festejo en Sevilla, Rubén Baraja exigió intensidad, pero el cuerpo técnico tuvo que improvisar dos grupos: el de los que pueden y el de los que resisten. Thierry Rendall, que el jueves abandonó la sesión con un gesto de dolor cinematográfico, completó la rutina sin fisuras; sufre, pero jugará. Gayà, en cambio, atravesó los ejercicios de presión con la mirada fija en el balón y la mejilla derecha custodiada por una malla negra que le hace respirar como buzo a 20 metros. El mensaje es claro: el capitán no se pierde el duelo del domingo, aunque le cueste una muela.
La nota en negro la firma Ugrinic. El suizo, que ya se perdió el Sánchez-Pizjuán, trabajó aparte durante 45 minutos y luego se sentó en la banda, tobillos fríos, mirando a sus compañeros como quien observa un tren que parte sin él. El tendón rotuliano le recuerda cada flexión que su fichaje en enero fue un parche más que una solución. Baraja no cuenta con él y el medio sabe que, si no mejora en 72 horas, su año en Valencia será una anécdota con número de dorsal.

Mientras, los otros esperan
El resto del grupo respiró al compás de un balón que ya piensa en Iago Aspas. Mouctar Diakhaby, Dimitri Foulquier, José Copete y Julen Agirrezabala siguen en la enfermería; sus nombres aparecen en la pizarra médica más que en la de táctica. Stole Dimitrievski volvió sin Mundial bajo el brazo —Macedonia del Norte lo dejó fuera— y Eray Cömert aún tiene un amistoso de la selección suiza que prolonga su ausencia. El Valencia, séptimo y con dos partidos menos, necesita sumar sí o sí para no regalar la Europa League a Betis y Real Sociedad.
El domingo, a las 18:30, Mestalla será un termómetro. Si ganan, enganchan al Celta en la tabla y certifican que el triunfo ante el Sevilla no fue un espejismo. Si fallan, la herida de Ugrinic se les haría a todos más grande. Gayà lo sabe: llevará la máscara, pero la victoria no se la regalan ni con visera.