Getafe se rebela: la alcaldesa exige frenar la avalancha de conciertos de shakira a 400 metros de sus casas

Getafe ya no aguanta más. La ciudad vecina del sur de Madrid estalla tras once anuncios de conciertos de Shakira en el Iberdrola Music, un recinto que ni siquiera está en su término municipal pero cuyo ruido, atascos y descontrol caen directamente sobre 90.000 vecinos. Este lunes el Ayuntamiento convoca a la promotora: quiere ver por escrito cómo piensan mover a medio millón de personas a escasos metros de Los Molinos y Getafe Norte. Y si no hay respuestas, amenaza con ir por la vía judicial.

La alcaldesa, Sara Hernández, no se anda con eufemismos: «¿Qué haría Ayuso si a 400 metros de su casa montaran un festival para 500.000 personas?». La pregunta retórica la lanzó ayer en rueda de prensa, acompañada de un dossier de fotos de colas kilométricas y decibelios desbocados. La respuesta la tiene clara: «Ella y Almeida montarían un pollo». Pero el pollo lo están montando, denuncia, sobre Getafe.

Una ciudad a la que nadie consulta

El Iberdrola Music se alza en Villaverde, dentro del distrito madrileño de Usera. Basta cruzar la M-45 para que el mapa diga «Getafe». Ahí viven 18.000 personas en bloques de protección oficial cuyos balcones dan directamente al recinto. «Los viernes nos entra el olor a hamburguesa y los sábados la música a 110 decibelios», cuenta Elena Márquez, presidenta de la junta de distrito de Los Molinos. «Llevamos dos años pidiendo mesas técnicas y nos llegan los e-mails después del concierto, para decirnos que todo ha ido bien».

La gota que colmó el vaso fue la residencia de Shakira: once funciones entre mayo y julio, con picos de 65.000 asistentes por noche. El Ayuntamiento de Madrid concedió la licencia sin avisar al de Getafe. «Nos enteramos por la prensa», reconoce la concejala de Urbanismo, Noelia García. «Y cuando pedimos el plan de movilidad, nos respondieron que no era competencia nuestra». Traducción: ni un papel, ni una reunión, ni una llamada.

De madrid al cielo… y al infierno de getafe

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El efecto dominó es demoledor. Los vecinos acumulan días de teletrabajo como quien guarda días de vacaciones. «Mi empresa ha tenido que flexibilizar el horario porque llegar a las nueve es imposible», relata Iván Castaño, informático que vive en la avenida de Los Molinos. Hay quien directamente alquila un piso en Parla durante los fines de semana de concierto. «Es más barato que aguantar el ruido y la ansiedad», ironiza.

El cálculo del Ayuntamiento de Getafe es brutal: cada noche de Shakira genera 18.000 coches que pasan por sus calles, 400 autobuses privados que paran en doble fila y un desvío de tráfico que colapsa la M-406, la principal entrada al hospital Universitario. «El 112 recibe un 40% más de llamadas por crisis de ansiedad y episodios respiratorios», asegura Raquel Martín, portavoz de Emergencias del SERMAS. «No es una percepción: es un dato».

La reunión que puede cambiarlo todo… o no

La reunión que puede cambiarlo todo… o no

La promotora, Live Nation, aceptó reunirse el martes en el Consistorio getafense. Pero el Ayuntamiento no quiere promesas: exige un plan de desvío de tráfico firmado por la Policía Municipal de Madrid, un informe acústico externo y un protocolo de evacuación que incluya a Getafe en el dispositivo. «Si no lo traen, prepararemos un recurso contencioso-administrativo y una querella por prevaricación», advierte la alcaldesa. El abogado del Consistorio ya tiene listo el escrito: se basa en la Ley de Protección de la Salud Ambiental que obliga a evaluar el impacto acústico en municipios colindantes cuando se superen los 55 decibelios.

El precedente es la batalla de Madrilucía, el festival suspendido el año pasado tras la presión de Getafe y Leganés. «Ganamos entonces porque demostramos que el Ayuntamiento de Madrid había saltado informes técnicos», recuerda García. «Ahora tenemos más munición: vecinos, ayuntamientos y hasta el hospital de Getafe han pedido la suspensión».

Shakira, mientras tanto, sigue vendiendo entradas. El viernes se agotó la segunda tanda para julio. «No tengo nada contra ella», aclara Hernández. «Pero aquí no se trata de música: se trata de derecho a dormir, a respirar y a llegar al trabajo». La alcaldesa se despide con una frase que retumba: «Si Madrid quiere festivales, que los pague con su tranquilidad». Getafe, avisa, ya ha tocado fondo. Y desde el fondo, se levanta.