Gm da un golpe en la mesa: más pick-ups en flint mientras el petróleo dispara la factura

General Motors ha decidido que Flint ruede seis días a la semana a partir de junio. La planta mítica de Michigan, en pie desde 1947, pasará de 5.500 a 6.600 camionetas Silverado HD y Sierra HD cada semana. No habrá nuevas contrataciones: los 4.200 operarios actuales se las apanarán con horas extra. La razón: la demanda insaciable de mastodontes de 8 cilindros que generan márgenes de entre 12.000 y 15.000 dólares por unidad.

Un negocio que huele a gasolina y a geopolítica

Un negocio que huele a gasolina y a geopolítica

La jugada llega cuando el barril de crudo ya baila por encima de los 90 dólares. Los analistas de J.D. Power advierten que cada tramo de 10 dólares resta un 2 % de ventas de vehículos ligeros en EE.UU. La guerra en Oriente Medio recorta el bolsillo del conductor medio, pero GM apuesta a que el cliente de pick-up —con suelo crediticio de 70.000 $— no flinche. Y, de momento, acierta: en 2025 la Silverado escaló un 12 % y el Sierra un 9 %.

En Flint, la cadencia será infernal. Tres turnos, 1.100 unidades diarias, línea a línea, sin pausa. El sindicato UAW ha aceptado el plan a cambio de garantizar que no se deslocalizará ni una tuerca hacia México, donde la armadora ya ensambla la versión “light” en Silao. El mensaje es claro: el V8 americano se sigue fabricando en suelo estadounidense, aunque el consumidor pague la gasolina a precio de oro.

La planta canadiense de Oshawa respira. Allí también se monta la Silverado HD y GM ha confirmado que no tocará sus cifras. La decisión deja a México como el único eslabón que no recibe más volumen, pese a que sus costes laborales rondan la mitad. El consejo delegado, Mary Barra, prefiere proteger la cadena de suministro doméstica antes que arriesgarse a un arancel repentino si Trump regresa a la Casa Blanca.

El mercado ha recibido la noticia con un suspiro de alivio: las acciones de GM subieron un 2,3 % en el cierre de ayer. Los inversores ven en las pick-ups el colchón que amortiguará la caída general del sector. La ecuación es brutal: vender menos coches, pero más caros y rentables. El consumidor, por ahora, paga sin chistar. La pregunta no es si aguantará el tipo, sino cuánto tiempo tardará en exigir que le devuelvan el cambio.