Gran grif masacra a 70 en haití y exhibe sus fusiles donde ya mató antes

Las mismos fusiles que sembraron el terror en Pont-Sondé vuelven a tronar a la madrugada. Ahora lo hacen en Jean-Denis, Artibonite, donde Luckson Elan y su banda Gran Grif han dejado 70 cadáveres, 30 heridos y 6.000 personas arrancadas de sus casas en menos de tres horas. El balance, confirmado por el investigador Antonal Mortimé, duplica la cifra oficial que la Policía Nacional divulgó cuando ya era tarde.

El método: bloquear, quemar, filmar

A las 3:14 de la madrugada del domingo, los sicarios cortaron las tres carreteras de acceso al pueblo con camiones robados y neumáticos incendiados. El primer disparo se escuchó a las 3:27. Para cuando los agentes lograron franquear los barricados, 16 cuerpos yacían en la plaza central. Los videos que circularon en WhatsApp muestran a los atacantes portando AK-47 y M16 mientras graban con el móvil: «Aquí mandamos nosotros», grita uno antes de prender fuego a una casa de madera con una familia dentro.

El patrón es calcado al de octubre pasado, cuando Gran Grif asesinó a 115 personas en Pont-Sondé. Entonces también bloquearon rutas, grabaron y se fueron sin que nadie los detuviera. La diferencia ahora es que la ONU ya les ha puesto precio: tres millones de dólares por la cabeza de Elan y por desentrañar la red de lavado que financia a Viv Ansanm, la coalición que agrupa a las bandas del Artibonite.

Artibonite: el granero convertido en campo de batalla

Artibonite: el granero convertido en campo de batalla

El departamento produce el 80 % del arroz que come Haití. Controlar sus valles significa cobrar peaje a los campesinos, confiscar cosechas y fijar el precio del kilo. Gran Grif lo logró en 2023; desde entonces el índice de inseguridad alimentaria se disparó: 5,7 millones de haitianos ya no saben si comerán mañana, según el PMA. El desplazamiento forzoso creció un 25 % en seis meses, según UNICEF.

Mientras tanto, la Misión Multinacional respaldada por la ONU se agazapa en Puerto Príncipe. Allí realizan operaciones relámpago que dejan fotos para la prensa, pero ningún jefe de banda ha pisado una celda. El representante especial Carlos Ruiz Massieu advirtió en enero que los homicidios subieron un 20 % en 2025. Jean-Denis es la prueba de que nadie le hizo caso.

El gobierno de Transición no emitió comunicado oficial hasta 48 horas después. La condena del portavoz de la ONU llegó tarde y vaga: «Entre 10 y 80 víctimas», dijo, como si la muerte fuera una cifra maleable. En la estación de radio local, una sobreviviente resumió la sensación de abandono: «El Estado no vino. Solo llegaron los zopilotes».

Gran Grif ya anuncia su próximo objetivo: «Vamos a Limonade», amenazaron por altavoz antes de retirarse. El mensaje es claro: la masacre no es un episodio, es una campaña de desgaste sistemática. Mientras Elan siga libre y el arrocer del Artibonite pase por sus manos, los fusiles volverán a tronar. La verdad se esconde en ese detalle: la cosecha de muerte es también un negocio redondo.