Hallan el cadáver del auxiliar de vuelo que desapareció en medellín: escopolamina, robo y un río
La semana que Eric Gutiérrez Molina aterrizó en Medellín para una escala de rutina, nadie imaginaba que su nombre acabaría en la lista de estadounidenses que se pierden en la noche antioqueña. El viernes 27 de marzo, unos campesinos de Puente Iglesias hallaron su cuerpo flotando en el río Piedras, a 100 km del bar Perro Negro donde fue visto con vida. La Medicina Legal no deja lugar a la ternura: muerte violenta, sin signos de asfixia mecánica, pero con rastros de burundanga en el sistema. La escopolamina, la droga que borra la memoria y la voluntad, aparece como la arma silenciosa del crimen.
De dallas al fondo del río: la noche que se apagó el gps
Gutiérrez, de 32 años y base en Dallas, llegó el 21 de marzo con su tripulación. El domingo 22 decidieron «conocer Medellín». Primero El Poblado, luego La América. A las 3:30 a. m. cerraron Perro Negro y dos colombianos —hoy identificados y con fichero por hurto químico— ofrecieron «after». Se movieron a Itagüí. Ahí se corta la señal. La compañera de habitación regresó al hotel en estado confusional; Eric, no.
Lo que sigue es un mapa de pesadilla: cámaras de tráfico capturan el mismo Jeep negro dos veces, subiendo hacia el sur del valle. La hipótesis: drogaron al auxiliar, lo desvalijaron —reloj, iphone, tarjetas— y lo subieron semiinconsciente. ¿Por qué el río Piedras? Porque la carretera 60 lo pone a tiro de Piedras: basta empujar el cuerpo por un puente de herrería y la corriente se lo traga. El agua fría de los 1.800 m de altitud conserva los tejidos y retrasa la putrefacción; la huella dactilar sigue intacta.

El negocio del «borracho que camina»: cómo opera la burundanga
En la Secretaría de Seguridad llevan dos años rastreando la misma receta: escopolamina en copa o polvo en cara, víctima que coopera, cajeros que entregan hasta el límite diario y un cuerpo que «aparece» días después en jurisdicción vecina. «Les da lo mismo si es turista o peluquero», me dijo Manuel Villa Mejía. «Lo que quieren es la tarjeta y el pin». La cifra habla por sí sola: 47 casos reportados en lo que va de 2026, 11 extranjeros. El 70 % de los cuerpos aparece en quebradas o ríos, siempre fuera del perímetro urbano para entorpecer la cadena de cadena de custodia.
Eric no es el primero ni será el último. Pero su pasaporte azul encendió focos rojos en la Embajada. El FBI aterrizó el lunes; la Fiscalía abrió carpeta por secuestro extorsivo agravado. Tres detenidos, dos con antecedentes en Bello y Envigado. El tercero, alias «Pájaro», opera el Jeep. Aún faltan los dos que «convencieron» a la tripulación en Perro Negro. La Policía ofrece 100 millones de pesos por cada nombre.

¿Y la compañera? el testimonio que no recuerda
La sobreviviente, auxiliar de cabina desde Houston, salió anoche de la Clínica Las Américas. No recuerda nada después del segundo trago de ron. La tomografía mostró una sustancia anticolinérgica en sangre, compatible con burundanga. La fiscalía la protege; su declaración será clave para cerrar el cerco. Entre líneas, confesó que Eric llevaba 4.000 dólares en efectivo para comprar esmeraldas. «Quería regalárselas a su madre», dijo. El dinero nunca apareció; tampoco el iPhone 15 que usó para grabar un TikTok a las 2:47 a. m.
La línea temporal, ahora, es un relieve de asfalto y agua: 22 de marzo, 3:30 a. m., abandono en Itagüí; 4:10, Jeep rumbo al sur; 5:00, probable lanzamiento al río. Cinco días después, el cuerpo flota entre Jericó y Fredonia. La distancia no es geografía: es impunidad. El agua lava huellas, pero también lleva el cadáver hasta una orilla donde alguien, tarde o temprano, lo encuentra.
Mientras tanto, American Airlines suspendió las escalas nocturnas de su personal en Medellín. La alerta de la aerolínea es clara: «Evitar zonas de rumba fuera del perímetro hotelero». La medida llega tarde para Eric, pero sirve de epitafio industrial: la burundanga ya no es una leyenda urbana; es un producto de importación que viaja en bolsillos de lino y se disuelve en hielos de plastico negro.
El cuerpo del auxiliar regresa a El Salvador este martes. Su madre, empleada de un banco en San Salvador, no quiere entrevistas: «Que le devuelvan la verdad, no el ataúd». La verdad, esa que yo fui a buscar a la orilla del río Piedras, huele a agua fría y a nafta de Jeep estacionado. La encontré en un trozo de río que arrastra piedras blancas y promesas rotas. Y en un dato que la Fiscalía confirmó bajo reserva: en el bolsillo trasero del pantalón de Eric había un pasaje de regreso a Dallas para el 23 de marzo a las 13:45. Nunca lo usó. El vuelo despegó con un asiento vacío, y Medellín sumó otro nombre a la lista de los que se quedan dormidos para siempre.