Hallan en ceuta un túnel de tres pisos con rieles y vagones para meter hachís por toneladas
La frontera de Ceuta ya no es solo una línea en el mapa: es un submundo. Este sábado la Policía Nacional descubrió un segundo narcotúnel que convierte el polígono del Tarajal en un antro de tres plantas con rieles, vagones y poleas que desplazan fardos de hachís como si fueran carbón en una mina del siglo XIX. El operativo ha desmantelado una infraestructura tan meticulosa que incluía un refrigerador insonorizado de grandes dimensiones para camuflar la boca del pozo.
Una factoría subterránea de 72 horas
El túnel opera en tres niveles: un pozo de descenso, una cámara intermedia de almacenaje y un tramo final que termina en territorio marroquí. El diseño no es improvisado: los ingenieros del narco calcaron la dinámica de una mina y la adaptaron al tráfico de drogas. Los agentes encontraron sistemas de poleas para izar los fardos sin esfuerzo y un vagón de reducidas dimensiones que recorría los rieles con fluidez. La cifra habla por sí sola: capacidad para mover toneladas en una sola noche.
El hallazgo se produce apenas 40 días después de que la Guardia Civil localizara otro túnel en una antigua marmolería del mismo polígono. Aquel primer canal, de 12 m de profundidad y 50 m de longitud, fue bautizado como fase tres de la operación Hades y surgió de una querella de la Fiscalía Anticorrupción. Ahora la jueza de la Audiencia Nacional María Tardón tendrá que abrir un nuevo capítulo: el mismo modus operandi, el mismo terreno, el mismo punto de fricción con Marruecos.

¿Quién paga la factura del underground?
El comisario principal Antonio Martínez Duarte, jefe de la UDYCO Central, y su homólogo en Ceuta, Pedro Ignacio Gerrer, comparecerán este martes para detallar cómo se financia una obra de esa envergadura. La respuesta preocupa: el coste de excavar, reforzar y dotar de mecánica un túnel de tres niveles ronda el millón de euros, una inversión que se amortiza en menos de un año si el flujo de hachís mantiene el ritmo de 2024. La Delegación del Gobierno en Ceuta ya ha advertido de que el polígono del Tarajal se ha convertido en un Swiss cheese perforado por mafias que ven la frontera como un simple velo de tierra movediza.
La ropa de los operativos aún huele a tierra húmeda. Los agentes descenso por el pozo con detectores de metano y lámparas frontales que dibujan sombras de galerías laberínticas. Lo que nadie cuenta es que, mientras los medios graban la imagen del refrigerador abierto como si fuera la puerta de Narnia, los cargamentos ya se desvían por rutas aéreas y marítimas que ni siquiera necesitan excavar. El túnel es espectacular, sí, pero también es la cortina de humo perfecta para que el negocio siga vivo en la superficie.
Ceuta lleva décadas siendo un embudo; ahora es también un colador. Y cada nuevo túnel que se desenterra deja al descubierto una verdad incómoda: cuanto más profundo cavamos, más cerca estamos de Marruecos, y cuanto más cerca estamos de Marruecos, más lejos estamos de controlar lo que entra. El ladrillo del Tarajal ya no aguanta más huecos; la próxima infraestructura, advierten los técnicos, podría ser invisible.