Hegseth niega comprar armamento mientras trump amenaza arrasar irán
El Pentágono salió anoche a desmentir que su jefe, Pete Hegseth, quisiera hacerse accionista de la industria de guerra que acaba de recibir la orden de bombardear Irán. El portavoz Sean Parnell calificó de «falsa e inventada» la información publicada por el Financial Times, que situó a un broker de Morgan Stanley negociando en febrero una inversión millonaria en el fondo Defense Industrials Active, justo cuando Washington ultimaba el ataque contra Teherán.
El fondo que disparó la polémica
BlackRock gestiona ese vehículo, que agrupa a los mayores fabricantes de misiles, aviones y sistemas de defensa del país. La operación, según el diario británico, se fraguó días antes de que el 15 de febrero los F-15 partieran de una base en Arabia Saudí para castigar a Irán. El Pentágono exige ahora una rectificación «inmediata» y habla de «difamación»; el Financial Times mantiene el silencio y los mercados de armas cotizan al alza.
El episodio sacude la ya maltrecha confianza en la independencia del Departamento de Defensa. «Nadie controla al que controla la guerra», resume un analista de transparencia que prefiere no dar su nombre. En la práctica, la ley permite a altos cargos invertir en sectores que supervisan, mientras divulguen sus operaciones. Lo que no se contempla es que lo hagan a través de terceros y horas antes de una operación militar.

Trump eleva la apuesta contra teherán
Mientras Hegseth se defiende, Donald Trump subió la apuesta: «Si no hay acuerdo pronto, vamos a destruir Irán». Lo dijo este lunes desde el Despacho Oval, tras cinco semanas de guerra que ya han dejado más de 150 muertos en ambos bandos. El mandatario especificó que el objetivo incluye «plantas desalinizadoras, refinerías y todo lo que les permita sobrevivir». El crudo Brent subió un 3 % en la primera hora.
En Washington, los despachos de abogados de defensa ya preparan informes para congresistas que piden auditar la fortuna de Hegseth. La Casa Blanca, por ahora, cierra filos. «No hay conflicto de intereses porque no hubo inversión», insistió Parnell. La frase corre por cable mientras en los foros de veteranos se discute si la próxima bomba llevará, o no, el sello de un secretario accionista.
La guerra sigue, el dinero también.