La trama interna que expulsa a la rebelde deeming y estalla en 24 horas

El aparato moderado de los liberales victorianos logró lo impensable: arrinconar a Moira Deeming, la senadora que desafía al líder, convierte cada sesión en pulso ideológico y encarna el ala derecha del partido. La victoria duró lo que un susurro. En menos de un día, el candidato que la había desplazado –Dinesh Gourisetty– se derrumbó tras revelarse que había avalado con una carta de recomendación a un condenado por abuso sexual infantil. El comité ejecutivo anuló el resultado y convocó una nueva preselección. El golpe de teatro devolvió a Deeming al centro del tablero y dejó a los moderados con la bilis amarga de la vergüenza.

La operación que nadie quiso firmar con su nombre

Desde junio, un grupo de liberales pragmáticos urdió un plan discreto: desalojar a las mujeres conservadoras que copan los puestos altos en la lista para el Legislativo de noviembre. El objetivo era claro: rebajar la imagen ultraconservadora que, según los sondeos, ahuyenta al votante urbano de Melbourne. La maniobra funcionó a medias. Bev McArthur y Renee Heath resistieron el envite; Ann-Marie Hermans se agarró al segundo lugar. Solo Deeming cayó, empujada por el ala moderada que controla la executiva y por las sedes locales del oeste metropolitano. El domingo, Gourisetty se alzó con el número uno de la región. La foto de la victoria olía a champagne y a reconciliación interna.

Las burbujas estallaron cuando llegó el lunes. Un correo interno –leído por El Ágora– advirtió al comité que Gourisetty había firmado un informe de carácter para su amigo, condenado por tocamientos a una menor. La dirección estatal convocó sesión de urgencia y, en menos de tres horas, decretó nula la elección y vetó al candidato. La ironía: el mismo aparato que derribó a Deeming ahora se ve obligado a repetir la votación sin su tapado.

El filtro que no filtró nada

El filtro que no filtró nada

Cada precandidato paga hasta 5.000 dólares para someterse a un escrutinio privado: redes sociales, antecedentes financieros, uso de apps de citas y hasta si ha visitado un burdel en los últimos cinco años. La consultora externa firmó un cheque sin fondos. El expediente judicial de Gourisetty era público, accesible con dos clics en el portal del Tribunal de Victoria. Nadie lo vio. El Comité de Revisión de Candidatos admite ahora que la pregunta sobre “asuntos sensibles” fue demasiado vaga. Añadirán un apartado específico sobre comparecencias en juicios, ya sea como testigo o garante moral.

La líder del partido, Jess Wilson, ordenó una auditoría y se escuda en su apoyo inicial a los cuatro parlamentarios desafiados. En el corridor interno, sin embargo, cunde el hartazgo. “Es la humillación perfecta”, suelta un diputado que pide anonimato. Otro, más escueto, resume: “Nos dijeron que habíamos aprendido del caos. Mentira”.

El guión que nadie quiere terminar

El guión que nadie quiere terminar

La convención se repetirá la próxima semana con los mismos delegados, salvo Gourisetty. La incógnita: ¿votarán de nuevo por Trung Luu, quien apenas cosechó tres papeletas la primera vez, o aparecerá un candidato bisagra que aglutine el descontento? La opción que nadie menciona en voz alta, pero que circula en los móviles, es la restauración de Deeming. Un gesto de urgencia para cerrar la hemorragia y devolverle la medalla que le arrebataron. La senadora, callada desde el domingo, no ha pisado el Parlamento este martes. Su silencio suena como un requisitorio.

El escenario final será otro capítulo del serial que consume a los liberales desde 2018: la guerra fría entre la derecha religiosa y los urbanos que sueñan con reconquistar Richmond y Prahran. La cifra habla por sí sola: son 38 días para el inicio de la campaña oficial y el partido sigue sin saber quién encabezará su lista en la tercera circunscripción más poblada del estado. La victoria que iba a traer centristas de vuelta al poder se convirtió en la metáfora de su peudé: la obsesión por borrar a Deeming la ha vuelto más viva que nunca.