Houston despierta con 29 °c y un sol que castiga: la radiación uv ya roza el nivel 8
Las calles de Houston amanecieron este domingo 29 bajo un sol que parece afilado. A las siete la termómetro ya marcaba 21 °C y la Agencia Nacional de Océanos y Atmósfera avisa: la dosis de rayos ultravioleta trepará hasta 8, el umbral donde la piel morena se quema en menos de veinte minutos. El mensaje es brutal: gorra, bloqueador y sombra o la quemadura va incluida en el ticket.
El paraguas sobra, pero el viento juega sucio
La ciudad respira aire seco traído por el anticiclón que se ancla sobre el Golfo: apenas un 1 % de probabilidad de lluvia durante el día y un 2 % cuando caiga la noche. Las nubes serán sólo decorado: 25 % de cobertura al mediodía, 37 % después del crepúsculo. Pero hay un detalle que el mapa de radares no cuenta: las ráfagas de viento alcanzarán los 37 km/h cuando el sol esté en lo alto y bajarán apenas a 30 km/h tras la puesta. Eso significa que el aire caliente —y el polvo que arrastra— se siente como un secador industrial en la cara.
El registro térmico oscilará entre 17 °C al amanecer y 29 °C antes de las tres de la tarde. Para los que corren por Allen Parkway o hacen fila fuera de Breakfast Klub, la sensación real rozará los 32 °C. La humedad relativa rondará el 55 %, suficiente para que el sudor no evapore y la ropa se pegue a la piel como una envoltura de plástico.

El clima que viene y el que ya se fue
Houston no es casualmente caliente. La cercanía a 29° N y la influencia monzónica del Golfo le regalan hasta nueve meses de verano. Los termómetros rozaron los 40 °C el pasado septiembre y el récord de calor sofocante se repite cada año entre agosto y la primera quincena de octubre. El invierno, cuando existe, dura lo que tarda un alfiler en caer: mínimas de 4 °C en enero y diciembre, apenas cinco días con heladas registradas en el último lustro en el aeropuerto Bush.
La lluvia, cuando decide caer, lo hace con estrategia de guerra: junio y octubre concentran casi el 40 % anual del agua. Un solo día de esos meses puede dejar 150 mm que convierten la Katy Freeway en un canal. Pero hoy no: el cielo lucirá azul desgastado y el asfalto va a humear.
Para los que planean asado en Eleanor Tinsley Park o partido de béisbol en el Minute Maid, la recomendación es simple: sombra portátil, hidratación cada media hora y evitar el alcohol que deshidrata más rápido que el sol. La radiación UV 8 no entiende de melanina: quema al moreno y al blanco por igual.
Mientras tanto, el Centro Nacional de Huracanes sigue dibujando isobaras tranquilas sobre el Atlántico. La temporada oficial comienza el 1 de junio, pero Houston ya sabe que el calendario no dicta cuándo aparece un sistema que convierta la ciudad en un estanque. Hoy no es ese día. Hoy la amenaza lleva otro nombre: deshidratación. Y la única tormenta que se avecina es la de gente que olvide el bloqueador y termine con la piel color langosta.