Hugo gonzález se hunde en atlanta: 12 minutos que certifican la crisis de los celtics

Atlanta ha convertido el State Farm Arena en un cementerio de ambiciones. Esta noche enterró la de los Boston Celtics con una paliza de 112-102 que huele a crisis en el seno del campeón. El español Hugo González, esa promesa que debía ser el revulsivo del banquillo, firmó un 2/4 en tiros y cuatro rebotes que dejan un sabor agridulce: cinco puntos en doce minutos que hacen aguas cuando Tatum mira el partido desde el vestuario.

El tercer cuarto que desnudó a boston

El tercer cuarto que desnudó a boston

Mazzulla lo intentó todo. Metió a González en la rotación buscando oxígeno, pero el alero madrileño encontró un muro llamado Jalen Johnson. El alero de los Hawks —20 puntos y 12 rebotes— le ganó la espalda una y otra vez mientras el electrónico sangraba: 36-22 en diez minutos que rompieron el partido. Lo que nadie cuenta es que Boston llegó a Atlanta con la moral por las nubes tras el 3-0 inicial. Ahora lleva dos derrotas seguidas y la sensación de que algo huele a quemado.

Jaylen Brown firmó 29 puntos, sí, pero necesitó 26 tiros para lograrlo. El 38% en campo es una losa cuando tu compañero estrella está en civitas. Sin Tatum ni Queta, el ataque de los Celtics se convirtió en un monólogo de heroísmo fallido. González, preso del pánico escénico, solo tocó balón en tres posesiones claras. Dos acabaron en fallo. La cifra habla por sí sola: 0 asistencias en doce minutos de un jugador que llegó a la NBA vendido como creador.

En el otro lado, Onyeka Okongwu sabía lo que hacía. Cada rebote ofensivo suyo —fue un total de cuatro— generó una segunda oportunidad que Atlanta convertía en oro. El pabellón, soldado con 13 victorias consecutivas, rugía mientras el reloj devoraba la ventaja visitante. El entrenador Snyder lo tenía claro: presionar la bola, forzar a Brown a tirar contested y dejar que González se hundiera solo. Plan perfecto.

La traca final llegó con 4:32 por jugar. Brown erró un triple abierto, Johnson corrió la contra y el 108-92 fue la sentencia. González volvió al banquillo con la mirada perdida. Mazzulla ni lo miró. Lo que viene ahora es un vuelo de madrugada hacía Detroit y la certeza de que la rotación exterior necesita un reset urgente. La temporada es joven, pero las heridas ya sangran. Y en Boston, recordarán esta noche como el momento en que Atlanta les recordó quién manda en el Este.