Ice se atrinchera en los aeropuertos mientras el cierre deja a tsa sin sueldo
El aeropuerto se ha convertido en el nuevo campo de batalla de Washington. Mientras 460 agentes de la TSA han tirado la toalla y el absentismo roza el 50 % en algunas terminales, Tom Homan, el hombre que Trump designó zar de la frontera, ordenó a los agentes de inmigración instalarse en los mostradores de seguridad. Su misión: impedir que el caos se trague el sistema aéreo.
La medida, anunciada este domingo en Face The Nation, no es un parche temporal. “Vamos a continuar con la presencia de ICE ahí hasta que los aeropuertos estén al 100 %”, sentenció Homan. La frase suena a promesa de campaña, pero oculta un dato más demoledor: el Departamento de Seguridad Nacional lleva 44 días cerrado, récord absoluto en la historia de los shutdowns estadounidenses.
El salario que no llega y el éxodo silencioso
Lo que nadie cuenta es que los inspectores de la TSA llevan seis semanas sin cobrar. La administradora interina de la agencia, Ha Nguyen McNeill, confesó al Congreso que el 11 % de la plantilla falta al trabajo cada día. En Miami y Atlanta la cifra se dispara hasta el 50 %. El resultado: colas de dos horas, vuelos cancelados y pasajeros que pierden conexiones internacionales.
Homan justifica la presencia de ICE como “apoyo fraternal”, pero el guion político es otro. El Senado aprobó el viernes un plan para financiar todo el DHS excepto la división de deportaciones. La Cámara republicana lo bloqueó. El mensaje es claro: sin dinero para ICE, no hay apertura. Y mientras tanto, los agentes de inmigración revisan bolsos y zapatos como si fueran aduanas de un país en guerra.

Trump firma un cheque que no sabe si podrá cobrar
El jueves, el presidente firmó una orden ejecutiva para que el nuevo secretario, Markwayne Mullin, pague “de inmediato” los salarios atrasados de la TSA. El primer desembolso arranca este lunes, pero la partida sale de fondos de emergencia que el Congreso no ha aprobado. En otras palabras: es un adelanto sin garantía. Si los demócratas no ceden, el crédito se agota en semanas.
La ironía es cruel. Los agentes que ahogan el tráfico aéreo son los mismos que, según Trump, protegen al país del “invasor”. Ahora viajeros y trabajadores pagan la factura de un pulso que ni siquiera menciona muros. La próxima vez que pases por seguridad, mira dos veces: el uniforme azul de la TSA puede haber sido reemplazado por el verde oliva de ICE. Y esa sustitución, lejos de ser provisional, es la nueva normalidad mientras Washington siga sin presupuesto.