Indonesia arrasa sus bosques: 66% más deforestación en 2025
La sierra gubernamental y la codicia del aceite de palma devoran Indonesia. En solo doce meses, el país ha perdido 66 % más bosque que el año anterior, la cifra más brutal desde 2020. La causa no es el clima ni la suerte: es una política de «autosuficiencia alimentaria» lanzada por el presidente Prabowo Subianto en octubre pasado y un negocio de plantaciones que se expande como mancha de aceite, literal.

La selva de papúa sangra 60.337 hectáreas
El informe que acaba de publicar el think tank Auriga Nusantara desglosa la masacre: Papúa, la isla más rica en biodiversidad, encabeza el ranking de destrucción. Allí, las topadoras han arrasado el equivalente a 85.000 campos de fútbol en un año. Java, la isla más densamente poblada, registra el salto porcentual más obsceno: un 440 % más de deforestación que en 2024. Ninguna provincia se salva, salvo los enclaves urbanos de Yakarta y Yogyakarta.
El dato que más duele: el 18 % de la tala ilegal ocurrió dentro de las áreas protegidas que, según la ley indonesia, debían garantizar el agua, el alimento y la energía de 270 millones de personas. Es decir, el Gobierno taló sus propios parques nacionales para plantar maíz y palma, mientras vendía al mundo la imagen de «seguridad alimentaria».
Indonesia ya produce el 57 % del aceite de palma que circula por planet Earth. Cada litro deja un rastro de árbol caído, orangután desplazado y aldeano desahuciado. La cadena es simple: una multinacional pide permiso, un gobernador local lo firma, y la selva desaparece antes de que la papelera pueda protestar. El pasado noviembre, las lluvias que antes detenían las raíces ahora arrastraron barro y cadáveres: más de mil muertos en inundaciones que los expertos vinculan directamente con la pérdida de cobertura forestal.
La ironía es amarga. El aceite que llena los anaqueles de Europa —desde Nutella hasta biodiésel— se fabrica a costa del pulmón verde del planeta. Y el consumidor, distraído, sigue creyendo que la etiqueta «sostenible» del envase significa algo. La realidad: una de cada tres palmeras plantadas en 2025 creció donde antes había un bosque primario, según los satélites de Auriga.
La historia no termina aquí. El Gobierno indio ya anunció que duplicará su importación de aceite de palma indonesio para abastecer su mercado de biocombustibles. La demanda no dejará de crecer mientras la selva siga siendo más barata que la tierra ya degradada. Indonesia ha elegido: palma hoy, bosque nunca más.