Indonesia pierde a tres cascos azules en líbano y exige respeto a la tregua
Tres soldados indonesios han muerto en el sur de Líbano en menos de 48 horas. Dos ataques contra posiciones de la FINUL —la misión de paz de la ONU— han destrozado la ya maltrecha tregua y han vuelto a situar a los cascos azules en el punto de mira de un conflicto que no es el suyo.
El primer proyectil estalló el domingo cerca de Aadchit al Qusayr. El segundo, este lunes, contra un convoy en Bani Hayyan, sector bajo mando español. Entre ambos explosiones, solo una noche de silencio forzado.
La versión oficial dura 24 horas
El Ministerio de Defensa de Indonesia confirmó los hechos tras una filtración de Margarita Robles en Madrid. La ministra española adelantó la noticia en rueda de prensa; Yakarta ratificó la cifra horas después. Tres muertos, otros tantos heridos de gravedad. La FINUL abre ahora una investigación que, según el propio comunicado indonesio, intentará dilucidar si los disparos procedían de la artillería israelí o de posiciones de Hizbulá. En el sur del Líbano, la distinción suele ser un lujo.
Israel, que lleva 27 días bombardeando la franja sur, asegura que «analiza» los incidentes. El balance oficial de su ofensiva ya asciende a 1.247 muertos y 3.680 heridos. Entre ellos, ahora, tres militares que vestían el casco azul de la ONU y que no dispararon ni un sola vez.

El reclamo que no se escucha
«Se espera que todas las partes respeten el derecho internacional humanitario», reclamó Indonesia en un tono que suena a desahogo diplomático. La frase, repetida hasta la saciedad en cada consejo de seguridad, choca contra la realidad de un enclave donde los uniformes azules se han convertido en blanco de fogueo. Desde 1978, 318 cascos azules han muerto en Líbano. La mitad, por fuego israelí.
El Consejo de Seguridad volverá a reunirse esta semana. Mientras, en el campamento español de Bint Jbeil los soldados preparan turnos de vigilancia más cortos y revisan los blindajes de los vehículos. No hay refuerzos anunciados. Solo la misma consigna de siempre: proteger la línea azul sin romperla. El problema es que, en Líbano, la línea hace tiempo que dejó de ser azul.