Infoca frena a las 2 de la madrugada el fuego que desangraba los guájares
Las Llanas de Los Guájares amanecieron este lunes con un olor a ceniza que se mete en la garganta y un silencio que suena a victoria a medias. El incendio que devoró desde las 17:30 horas del domingo el paraje de Barranco Alberca Alta ya no avanza: 50 operarios, dos autobombas y una química que todavía flota en el aire lograron estabilizarlo cuando la ciudad dormía.
Pero hay un detalle: estabilizar no es extinguir. El Infoca mantiene un despliegue de tierra y aire que incluye tres brigadas, dos helicópteros —uno pesado y otro ligero— y técnicos que aún tallan en la ladera para evitar que cualquier brisa de 30 km/h, con rachas de hasta 50, reavive las brasas dormidas.
El viento fue el verdadero enemigo
La primera llamada llegó al centro de coordinación de Granada cuando el termómetro marcaba 24 °C y el viento soplaba desde el mediodía. En menos de una hora, el fuego se comió 15 hectáreas de matorral y pinar joven. El dispositivo inicial parecía suficiente: tres cuadrillas de bomberos forestales, una Brica, una autobomba y dos helicópteros. «Pero el viento torció el plan», confiesa un técnico que prefiere no dar su nombre. «Cada racha abría un nuevo flanco y el humo dificultaba la visión aérea.»
A las 20:00 el Infoca tiró de caja fuerte: refuerzo de otra brigada, otra autobomba y dos helicópteros más. «No es habitual desplegar seis aeronaves en un incendio de estas dimensiones, pero el viento justifica la fiesta de costes», explica el mismo operario. La factura provisional supera los 200 000 euros, según estimaciones internas a las que ha tenido acceso este diario.
La noche fue un rosario de antorchas. Los efectivos terrestres trabajaron en líneas de zanja para romper la circulación del fuego mientras los pilotos realizaban descargas cada tres minutos. A las 2:00, el último frente quedó rodeado. Nadie celebró: la regla de oro del Infoca dice que hasta que no haya un chorro de agua fría sobre cada punto caliente, el parte sigue siendo «estabilizado».

Los guájares, en vilo
Los Guájares —pueblo frontera entre la Costa Tropical y la Alpujarra— vive del aceite temprano y del turismo de senderismo. La senda que sube hasta el cortijo de El Algarrobo es, precisamente, la que ayer ardió. «Perdimos un paraje entero de acebuches centenarios», lamenta Ana López, vecina de Güájar Faragüit. «Lo que no se quema hoy, lo hace mañana si no vienen a repoblar.»
El Ayuntamiento ha pedido ya al delegado del Gobierno andaluz una valoración de daños medioambientales. La consejería de Medio Ambiente confirma que se iniciará un estudio de impacto cuando el perímetro esté cerrado. Mientras, los senderistas se quedan sin ruta y los olivareros temen que la ceniza se lleve también la campaña de riego.
El parte de este lunes a las 08:00 insiste en que el riesgo de rebrote es «alto». El viento mantendrá rachas de 40 km/h hasta el martes y la humedad relativa no superará el 35 %. «Una sola chispa puede devolvernos al punto cero», advierte el jefe de zona del Infoca. La previsión es mantener al menos 40 efectivos en el terreno durante 48 horas. El coste diario de esa operación ronda los 35 000 euros. La verdad se esconde en los detalles, sí, pero también en el humo que aún sale de la ladera.