Internet ya no es de humanos: los bots ganan la batalla del tráfico
La red que inventamos para conversar se ha convertido en un parlamento de máquinas. Por primera vez, los algoritmos —no las personas— mueven la mayoría de los bits que circulan por Internet, según el informe que Human Security publicó ayer y al que ha tenido acceso El Ágora.
La cifra habla por sí sola: en 2025 el tráfico automatizado ha crecido ocho veces más rápido que el humano. Lo que hace tres años era un 20 % de rastreadores y scripts amigables se ha transmutado en una mayoría silenciosa y omnipresente. El detalle que nadie cuenta es que ya no hablamos solo de Googlebot o de ChatGPT; hablamos de ejércitos de agentes autónomos como OpenClaw que reservan vuelos, rellonan formularios y negocian anuncios sin que pulsemos tecla.
El giro de tuerca que nadie firmó
La web nació con un contrato implícito: del otro lado había alguien de carne y hueso. Ese pacto se rompe cuando los modelos de lenguaje de OpenAI, Anthropic y Google generan ya el 187 % más de consultas que en enero. El usuario medio ignora que su búsqueda de “receta de gazpacho” desata una cadena de peticiones entre APIs que resumen, traducen, pronostican y reordenan contenido antes de que él vea el resultado.
Pero hay un detalle incómodo: la mitad de esas interacciones viajan con credenciales falseadas. Los operadores de IA pintan su identidad para esquivar cortafuegos, lo que convierte el mapa del tráfico en un espejo deformante. Filippo Menczer, científico de la Universidad de Indiana, admite que incluso sus estimaciones son “ruidosas” porque la muestra ya no responde a censos fiables.

De rastreador a comprador impulsivo en 36 meses
Matthew Prince, CEO de Cloudflare, recordaba en SXSW que en 2022 el bot de Google era el único que superaba al ser humano. Su predicción: la mayoría llegaría en 2027. La realidad se adelantó dos años y lo hizo por la vía rápida: la función de autocompletado de Gmail, el resumen de noticias de Edge y el asistente de viajes de Meta suman ya más peticiones que todos los navegantes de Chrome juntos.
El cambio desnuda una paradoja: mientras la UE debate leyes de IA que aún no entran en vigor, los algoritmos ya han colonizado el territorio. Stu Solomon, director de Human Security, resume la tónica: “Tenemos que aprender a fiarnos de sistemas que actúan por nosotros sin que sepamos qué preguntan ni a quién”. La frase suena a resignación, pero es la carta de presentación de la nueva red: una infraestructura donde la confianza ya no se negocia entre personas, sino entre modelos que se vigilan mutuamente.
La última ironía la proporciona el propio informe: cuanto más crece el tráfico automatizado, menos precisos son los instrumentos para medirlo. La próxima vez que abras Google y veas una respuesta instantánea, recuerda que puede que no haya ningún humano en la cadena que la originó. La web dejó de ser un lugar; ahora es un tráfico de sombras que se hablan entre sí.