Irán aplica el candado de ormuz y wall street entra en pánico: el petróleo dispara su precio
Treinta días de guerra y el Estrecho de Ormuz ya no es una línea roja: es un boquete por donde se escapa el 20 % del crudo que mueve al planeta. Teherán ha convertido el pasillo marítimo en su baza de negociación —o en su arma de desesperación— mientras Israel pulveriza refinerías y la UE se apresura a reunir a sus ministros de Energía por videoconferencia. El resultado: el barril ha saltado de 78 a 112 dólares y el Dow Jones pierde el 10 % en cuatro semanas.
El candado que dispara la economía
El mensaje es tan simple como demoledor: si el mundo nos estrangula, estrangulamos al mundo. irán ha desplejado lanchas rápidas, drones y misiles antiaéreos en una franja de apenas 21 millas náuticas que, para la industria petrolera, equivale a la aorta del planeta. La Armada de Estados Unidos ha enviado dos portaaviones, pero el tráfico de petroleros se ha reducido al 35 % de lo habitual.
En la otra orilla, Israel ha cambiado la retórica de “respuesta proporcionada” por la lógica del desmantelamiento. En los últimos cinco días han caído 120 misiles sobre la refinería de Haifa y la planta química de Nes Ziona. El humo tóxico ya se deja ver desde Larnaca. El objetivo: que la factura energética iraní se dispare tanto que Teherán tenga que elegir entre financiar la guerra o mantener encendidas las luces de su capital.

El sur del líbano se convierte en un patio de bombardeo
Mientras los ministros europeos calculan subsidios y planes de emergencia, Hezbolá trata de contener un Ejército israelí que ya ha cruzado la línea azul de la ONU en al menos siete puntos. Los cascos azules han dejado de ser observadores: tres soldados fallecieron ayer cerca de Marjayoun cuando un dron —procedencia no confirmada— impactó contra su puesto avanzado. La misión UNIFIL pide repliegue; la población civil, evacuación masiva.
Lo que nadie cuenta es que el Líbano ya no puede absorber otra ola de desplazados: una de cada tres familias del sur vive ahora en escuelas abandonadas de Trípoli o en tiendas de campaña junto al límite sirio. La frontera terrestre se estrecha y, con ella, la posibilidad de que el conflicto rebalse hacia Siria, donde Assad aún no ha reconstruido ni un solo hospital de los 135 que destruyó su propia guerra.
Cuba recibe crudo ruso y apagones se cronifican
La isla, que ya había convertido el racionamiento de combustible en una norma, celebra la llegada del Anatoli Kolodkin: 700 000 barriles que compran un respiro de apenas 40 días. El problema es que, cuando se interrumpe la corriente, cae también la mitad de las antenas de telecomunicaciones. Con 14 horas diarias sin luz, la economía informal se ha digitalizado a la luz de las baterías de los autos y los precios del mercado negro de gasolina ya rondan los 25 dólares el galón.
Wall street cierra en corrección y el miedo se compra
El mes de marzo terminó con el Dow Jones perforando los 37 000 puntos. El selectivo S&P 500 perdió 9,8 % y los fondos de refugio —oro, francos suizos y bonos del Tesoro a 10 años— registraron entradas de capital sin precedente desde la invasión rusa a Ucrania. La lógica de los algoritmos es brutal: si Ormuz se cierra, el transporte marítimo se encarece un 60 % y la inflación global vuelve al 6 %. El FMI ya trabaja con un escenario de crecimiento mundial del 2,1 %, medio punto por debajo de su pronóstico de enero.
El cierre bursátil del martes dejó un dato que habla por sí solo: las peticiones de seguros de riesgo político para activos en Oriente Medio se han multiplicado por diez. Las aseguradoras ya no cotizan: directamente rechazan operaciones en irán, Irak y Líbano. El mensaje es claro: el capital puede tolerar guerras remotas, pero no interrupciones de crudo a 20 millones de barriles por día.