Irán aprieta el grifo del petróleo y el ibex se agarra a un alambre

El Ibex 35 abrió este martis con un tímido respiro: +0,28 % que apenas disimula el nudo en la garganta de los mercados. El Brent baja, sí, pero sigue a 107 dólares, el triple que hace dos semanas, antes de que Washington y Tel Aviv arrancaran los motores de la guerra. Mientras tanto, el estrecho de Ormuz —esa arteria por la que desliza el 25 % del crudo mundial— se ha convertido en un tiro al aire cada vez que un buque intenta cruzarlo.

La vía del golfo se estrecha y el miedo se expande

Esta madrugada la Corporación de Petróleo de Kuwait ha confirmado lo que los satélites ya habían fotografiado: un buque tanquero kuwaití, cargado hasta los topes, recibió un impacto «directo» cuando flotaba anclado frente a Al Ahmadi. Sin muertos, pero con la quilla abierta y la sombra de un vertido negro dibujándose sobre el agua. Irán no se ha apuntado el tanto, tampoco lo ha negado. El mensaje es claro: quien pase por aquí, paga peaje.

Los armadores lo entendieron enseguida. El tráfico marítimo por Ormuz se ha desplomado un 40 % en siete días, según datos de Vortexa. El seguro de cascos se dispara y las petroleras re-rutinan cargamentos hacia el cabo de Buena Esperanza, añadiendo 15 días y 1,2 millones de dólares por viaje. La factura llegará a cada surtidor europeo en forma de gasolina por encima de 2 €/l antes de que acabe abril.

Trump pone precio a la paz: jark bajo amenaza

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Desde la Casa Blanca, Donald Trump subió ayer la apuesta: «Si Irán no abre el paso, barreremos de mapa lo que quede en pie, incluida la isla de Jark». La roca iraní en el golfo es la estación de bombeo que liquida el 80 % de las exportaciones de Teherán. Un portavoz del Pentágono confirma que el USS Roosevelt ya navega hacia el mar de Omán con 5.000 infantes y ordenes de combate actualizadas. La partida se juega en horas, no en días.

El Dow Jones apenas se movió anoche (+0,1 %), pero el Nasdaq se dejó un -0,7 % arrastrado por el pánulo de las «big tech» ante un posible ciberataque iraní. En Asia, el Kospi se desploma un -4,3 %: Seúl importa el 70 % de su crudo por Ormuz. Tokio, Shenzhen y Hong Kong siguen la estela. Europa abre al alza por pura inercia técnica: París +0,08 %, Fráncfort +0,43 %. Lo que sube hoy puede evaporarse en cuanto suene la próxima sirena en el golfo.

En la mesa de española, repsol sangra y enagás se cobra la crisis

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En el parquet madrileño, Repsol cede un -0,99 %: cada barril que no pasa por Ormuz le cuesta 1,2 millones de margen diario. Arcelormittal y Bankinter lideran el farol rojo por temor a un encarecimiento del crédito si el conflicto se alarga. A contracorriente, Enagás sube un +1,24 %: los operadores apuestan por el gas natural como sustituto inmediato del crudo. La compañía española gestiona el 50 % del regasificado que entra en la UE; cuando el petróleo falla, el gas se convierte en el chaleco salvavidas del viejo continente.

Los bonos también hablan: la prima de riesgo española baja hasta 95 puntos y el bono a 10 años se frena en el 3,56 %. No es calma, es refugio. Los fondos de pensiones europeos venden acciones y se atrincheran en deuda pública. La lógica es brutal: prefieren perder un 3 % de rentabilidad a ver desaparecer un 30 % de capital si los misiles alcanzan un tanquero con bandera de la UE.

La CaixaBank aprovechó el respiro para anunciar el cierre de su séptima recompra: 500 millones en 19 semanas. Dinero que ahora vale más dentro que fuera del balance. Airtificial ingresará 9,7 millones en ingeniería militar antes de mayo; la guerra, incluso en la distancia, deja márgenes. Y Atrys Health cierra 2025 con 141 millones de facturación, un +8,5 %: cuando la geopolítica enferma, la sanidad privada factura.

El euro se aguanta en 1,1468 frente al dólar, pero cada cumbre de tensión en el estrecho desplaza divisas hacia el billete verde. El WTI estadounidense —blindado por sus propios depósitos estratégicos— se relaja un -0,2 % hasta los 102,6 dólares. Es la tregua antes del siguiente disparo. Porque la guerra ya no se mide solo en cañones: cada centavo que sube el barril es un proyectil que alguien paga en la gasolinera de la esquina. Y la fila, advierte el mercado, apenas empieza.