Irán ataca un superpetrolero en dubai y trump ya amenaza con borrar jark de la faz del mapa
Un misil iraní ha perforado la popa del Al Salmi a las 02.43 de la madrugada mientras el gigante de 330.000 toneladas fondeaba frente a la terminal de Jebel Ali. La carga, crudo kuwaití rumbo a China, ardió durante 53 minutos. No hubo muertos, pero el agua del golfo Pérsico ya huele a queroseno.
La Corporación de Petróleo de Kuwait no ha dudado: «Ataque directo y malicioso por parte de Irán». El comunicado, filtrado a la agencia oficial KUNA en menos de una hora, avisa de la posibilidad de «derrame masivo» y activa el protocolo de contingencia que Riad, Kuweit y Abu Dabi diseñaron tras el asalto a las instalaciones de Abqaiq hace seis años. El mensaje es claro: Teherán vuelve a jugar con el suministro del 20 % del crudo mundial.
El dron que nadie quiere reconocer
Dubai calló durante cuatro horas. Luego, un tuit escueto: «Impacto de dron contra petrolero kuwaití». Ni origen, ni responsable. La Oficina de Prensa del emirato protege la imagen de la ciudad-refugio donde negocian las élites mientras sus bancos gestionan el dinero de todos los bandos. En el terreno, sin embargo, los equipos de bomberos marítimos aún calculan la altura de la ola de fuego: 12 metros que lamieron los flancos del Al Salmi cuando sus 24 tripulantes saltaron a la balsa salvavidas.
El UKMTO, centro británico que vigila el tráfico en el estrecho de Ormuz, confirma otro impacto «por el costado de estribor» a 57 km al noroeste de Dubai. ¿Mismo barco? Las coordenadas coinciden, pero ni Londres ni Kuwait desean cerrar el cerco. La reticencia tiene nombre: seguro de casco y responsabilidad civil por 900 millones de dólares que Londres y Nassau rechinan en pagar si se demuestra un acto de guerra.
Mientras los peritos miden la brecha, el Al Salmi se inclina dos grados a babor. El temor es que el crudo se mezcle con el agua de lastre y genere una mancha que llegue a las playas de Ajman en 36 horas. El último cálculo de la marina kuwaití habla de 18.000 barriles en riesgo de fugarse.

Trump pone el cronómetro: jark tiene días
El ataque llega 48 horas después de que Washington y Jerusalén lanzaran una ofensiva aérea contra instalaciones nucleares iranésis. Teherán respondió cerrando Ormuz, filtro por el que discurren 21 millones de barriles diarios. La réplica de Donald Trump fue inmediata: «Si Irán no abre el paso y no firma, barreremos Jark del mapa». La isla-jack que alberga los terminales de exportación de Irán sería, en sus palabras, «el ejemplo más caro que pagarán».
El Pentágono ya ha desplegado el portaaviones USS Eisenhower y dos destructores clase Arleigh Burke en el golfo de Omán. En Bruselas, la Comisión Europea convoca reunión de emergencia de COESAM, el mecanismo diplomático que intentó salvar el acuerdo nuclear de 2015. Pero en la práctica, nadie quiere asegurar escolta a los petroleros si Washington dispara primero.
En el mercado, el Brent ha saltado 8,4 % en la apertura de Singapur: 93,7 dólares el barril, máximo desde la invasión de Ucrania. Los analistas de Goldman Sachs avisan: si Ormuz se bloquea por más de una semana, el precio tocará los 120 dólares y la inflación global regresará al 6 %.
El Al Salmi aún humea. Sus tanques llevan sellos de seguridad que frenan el fuego, pero no la geopolítica. Qatar ha ofrecido sus astilleros de Ras Laffan para reparar el buque; Irán, silencio. En el puerto de Dubai, los remolcadores repiten la consigna: «No hay heridos». Lo que callan es que el golfo Pérsico acaba de convertirse en la caja de tinder más cara del planeta y que, esta vez, el fósforo ya rueda sobre el crudo.