Irán y ee.uu. se tiran la pólvora en privado mientras el mundo teme un apagón de crudo

La Casa Blanca confiesa que detrás de los misiles hay WhatsApp: Teherán insulta en televisión y, al mismo tiempo, envía mensajes de texto pidiendo tregua. El reloj corre hacia el 6 de abril, cuando vence la tregua del estrecho de Ormuz.

El doble fondo de las negociaciones

El doble fondo de las negociaciones

Karoline Leavitt, la portavoz de 27 años que maneja la cronometría de la guerra, lo dejó claro: «Lo que se dice públicamente es, por supuesto, muy diferente de lo que se nos comunica en privado». La frase suena a confesión de bar y a estrategia de desgaste. Irán niega ante sus cámaras que haya canal diplomático, pero en las pantallas de Washington aparecen los puntos suspensivos azules de un régimen que responde a medianoche.

La operación Furia Épica cumple hoy 30 días. Se suponía que serían cuatro semanas de fuego para arrasar el programa nuclear iraní y su flota de drones. Han matado al ayatolá Ali Khamenei y a medio estado mayor, pero no han tocado el reactor subterráneo de Natanz. El 70 % de la fábrica de misiles quedó convertido en chatarra, según el Pentágono, que reparte cifras como si fueran caramelos. Trece soldados estadounidenses no volvieron a casa; Irán pierde silos y refinerías, pero conserva el poder de apagar el grifo del Golfo.

Donald Trump, en su red social Truth Social, anuncia que negocia con «un régimen nuevo y más razonable». Nadie sabe quién está al otro lado. El ayatolá designado no tiene nombre, el Parlamento se esconde en búnkeres y los generales que mandan los pasdaran hablan por señas. Marco Rubio, el secretario de Estado que parece un corredor de bolsa con nervios de acero, habla de «fracturas internas». Traducción: hay facciones que quieren vender petróleo y otras que quieren vender martirio.

Mientras tanto, el estrecho de Ormuz —esa arteria por la que pasa el 20 % del crudo mundial— sigue sembrado de minas y buques fantasmas. Trump ha dado un ultimátum: si el 6 de abril no hay puerto libre, bombardearán plantas eléctricas y oleoductos. La amenaza huele a 2003, pero esta vez no hay Blair ni azucarillos de la ONU. Solo queda un tablero de ajedrez en llamas.

Arabia Saudita y Egipto se ofrecen como árbitros, aunque sus cancillerías transpiran. El petróleo Brent ya cotiza en 92 dólares y las gasolineras de Ohio advierten que la prima de riesgo se come el subsidio de la cerveza. En Bruselas acaban de aprobar un fondo de 10.000 millones para compensar a Grecia y Chipre si el paso se tapon de golpe. La guerra se financia con bonos; la paz, con barriles.

La pregunta no es si Irán cederá, sino quién pagará la factura de un conflicto que ya dura tres décadas y ahora se juega en 140 caracteres y en misiles hipersónicos. El plazo oficial sigue siendo «cuatro a seis semanas». La realidad: cada día que pasa, la frase se reduce como un jersey en secadora. Y cuando el tiempo se acabe, no habrá titular que quepa en un móvil.