Islamabad se convierte en el quirófano donde cuatro potencias musulmanas intentan salvar a irán de un infarto geopolítico
Las 17:20 hora local sonaban cuando cuatro hombres cruzaron la verja del Ministerio de Exteriores paquistaní sin mirar a la prensa. Faisal bin Farhan (Arabia Saudí), Hakan Fidan (Turquía), Badr Abdelatty (Egipto) y el anfitrión Ishaq Dar cerraron la puerta y, con ella, la última válvula de escape antes de que Irán y Estados Unidos rompan del todo el tabique de contención que queda en el Golfo.
La reunión no figuraba en ninguna agenda oficial hasta el viernes. Fuentes diplomáticas confirman que el plan de quince puntos que Donald Trump coló a Islamabad la semana pasada llegó a Teherán justo ayer, horas antes de la cumbre. El texto, que circula en cuatro idiomas, pide un alto el fuego inmediato, corredores humanitarios y la reapertura de los estrechos de Ormuz y Bab el-Mandeb al tráfico comercial. Lo que nadie firma aún: el cronograma.

El pacto que ata las manos de pakistán
Dar habló por teléfono con Abbas Araghchi veinte minutos antes de recibir a sus colegas. Repitió la letanía: «diálogo y diplomacia». Pero el subtexto es otro. El SMDA —el Acuerdo Estratégico de Defensa Mutua que Riad y Islamabad sellaron en 1982— obliga a Pakistán a desplegar fuerzas si las refinerías saudíes vuelven a arder como la semana pasada. El 30 % del petróleo que procesa la planta de Abqaiq llega en barcos que pasan frente a Karachi. La economía paquistaní ya sopla y arde: cada día de cierre del estrecho le cuesta 75 millones de dólares en divisas.
La foto oficial los muestra sonrientes, pero las cámaras no registraron el intercambio de carpetas que siguió: cada ministro llevó su propia hoja de ruta. Fidan exige que cualquier tregua incluya el fin de los bombardeos turcos en el norte de Siria; El Cairo quiere garantías para el paso de su LNG por el Canal de Suez; y Riad negocia a la defensiva: si Irán cesa los drones, ellos congelan la compra de nuevos misiles Patriot a Washington. Nadie ha mencionado todavía la palabra «sanciones», pero todos saben que el crudo Brent rozó anoche los 98 dólares y que el riesgo país de Pakistán acaba de superar el 1.300.
En la sala hay dos relojes: uno marca la hora de Teherán, el otra la de Washington. El grupo de cuatro no busca un acuerdo definitivo; solo ganar 72 horas para que los portaaviones USS Ford y Eisenhower no crucen el paralelo 26. El Pentágono ya adelantó que si se producen «incidentes adicionales» escalará de inmediato. La cuenta atrás corre por dentro de los móviles que ahora mismo vibran en silencio sobre la mesa de madera.
El comunicado final, si llega, será una frase de cuatro líneas. Pero en los pasillos se respira la certeza de que hoy se decidió si el siglo XXI estrena su primer conflicto sin fecha de vencimiento o si todavía queda un resquicio para la rendija por donde se cuela la paz. Mientras tanto, los mercados de futuros abren en dos horas y el precio del gas licuado ya marca un nuevo máximo anual. La guerra, cuando estalla, también se cotiza en tiempo real.