Israel arrasa el sur del líbano: 13 cadáveres en una noche y la frontera huele a invasión

La aviación israeli volvió a convertir la madrugada del domingo en un infierno de fuego y hierro para el sur del Líbano. Trece cadáveres, varios de ellos paramédicos de Hizbulá, yacen entre escombros en pueblos que ya no tienen ni ambulancias que los recojan. La cuenta llega a 1.100 muertos en un mes y el olor a guerra fría —esa mezcla de pólvora y miedo— se cuela hasta Beirut.

La cronología de la matanza es brutal: siete personas en Al Haniyah, dos en Jouya, otras dos en Aabba y los dos sanitarios islámicos abatidos junto al hospital de Bint Jbeil. La Artillería israeli no dispara advertencias; dispara para dejar huecos en el mapa. En Nabatieh, un centro comercial fue «pasto de las llamas», según la agencia libanesa ANN, y la foto que circula por WhatsApp muestra un cráter donde antes había una carnicería y un locutorio.

Los misiles de hizbulá buscan el norte de israel

Los misiles de hizbulá buscan el norte de israel

Pero la resistencia chií no se queda de brazos cruzados. Anoche lanzó drones, cohetes y misiles contra bases del norte de Israel y presumió de perforar un tanque Merkava en Beit Lif. El intercambio se ha vuelto ritual: por cada diez toneladas de explosivos que caen sobre el sur libanés, Hizbulá devuelve una andanada que obliga a los residentes de Kiryat Shmona a pasar la noche en búnkeres. El ejército israeli, mientras tanto, despliega tropas en su propio lado de la valla y ensaya maniobras de asalto que huelen a invasión.

Lo que nadie cuenta es que los pueblos atacados —Al Haniyah, Jouya, Aabba— no son bastiones militares; son aldeas de granjeros y escuelas que ya cerraron en septiembre. La guerra, como siempre, empieza por los que no pueden pagar un pasaje a Europa. Y termina, si es que termina, cuando los mapas de Google muestran más zonas rojas que verdes en el sur del Líbano.

La cifra habla por sí sola: 1.100 muertos en treinta días. Eso equivale a 37 entierros diarios, muchos en fosas comunes porque los cementerios están dentro de la zona de fuego. El secretario general de Hizbulá, Hasán Nasralá, prometió «una respuesta que hará llorar a Tel Aviv». Israel, por su parte, silencia la palabra «invasión» y prefiere «operación defensiva». Entre medias, los cascos azules de la FINUL cuentan proyectiles y recogen trozos de gente.

La frontera huele a pólvora húmeda y a invierno. Si el fuego no cesa, el Líbano puede despertarse sin sur. Y Israel, sin enemigo visible, habrá ganado un terreno que nadie podrá habitar.