Israel arrasa líbano: 1.247 muertos y un millón de desplazados en un mes de fuego

Beirut contabiliza cada nueva víctima con la frialdad del que ya no tiene lágrimas: 1.247 cadáveres, 124 con la cicatriz de un DNI aún sin estrenar y 3.680 heridos que llenan pasillos convertidos en triaje permanente. En las últimas 24 horas, nueve nombres se sumaron a la lista y 137 cuerpos más sangraron sobre asfalto y escombros.

Los hospitales, nuevo frente de batalla

El Ministerio de Salud Pública dibuja un mapa de horror paralelo: 52 sanitarios muertos y 128 heridos desde que los jets israelíes decidieron que las ambulancias también son blanco. El sábado, tres ataques directos contra personal médico dejaron a las brigadas de rescate en modo supervivencia: si la camilla no te mata, la segunda bomba sí.

En el extrarradio de la capital, una explosión de mediodía mató a un trabajador sirio y desparramó a una docena de refugiados. Entre los escombros, una mujer keniana repite su nombre como quien repite una oración, pero el médico solo atiende la hemorragia: «Cuatro niños sirios, todos menores de diez». Nadie sabe aún si serán evacuados; los corredores humanitarios los cerró el humo.

El millón que ya no duerme en casa

El millón que ya no duerme en casa

Desde el 2 de marzo, cuando Israel amplió el cerco al sur, al este y a las colinas que rodean Beirut, más de un millón de libaneses han cambiado el techo por el suelo de una escuela o la lona de un campo que crece más rápido que la ayuda. La frontera con el río Litani dejó de ser una línea verde para convertirse en una cinta de asphalt que los drones vigilan como si fuera la última escena de una película sin créditos.

Mientras tanto, el Ejército israelí y Hizbulá intercambian fuego en los pueblos del sur. La promesa de una «zona de amortiguación» suena a eufemismo cuando los tanques avanzan y los milicianos disparan desde la maleza. La única certeza es la cifra: cada día que pasa, Beirut suma nueve muertos más y 137 heridos adicionales. La verdad no se esconde; se apila en las neveras de los hospitales que ya no enfrían.