Israel asesina en beirut al cerebro de los vínculos entre hizbulá y las milicias palestinas
Hamza Ibrahim Rakin ya no puede mover fichas. El Ejército israelí lo redujo a cenizas en pleno corazón de Beirut, acabando con el hombre que tejía la red de Hizbulá desde el Líbano hasta Cisjordania. Era la Unidad 1800, y él su vicecomandante; ahora, un agujero humeante en la capital libanesa y tres cadáveres dejan constancia de que la guerra se ha mudado a la mesa de jefes que nunca pisaban el frente.
La operación que traspasa la línea roja de beirut
El ataque se produjo al mediodía, cuando un dron o un misil —las fuentes militares israelíes se guardan el detalle— impactó en un edificio de la achatada skyline de la ciudad. Con Rakin caían dos oficiales más de la unidad de enlace, responsable de financiar, entrenar y transportar combatientes palestinos hacia el sur del Líbano. El mensaje es claro: ningún escondrijo en el Gran Beirut es suficiente.
Israel justifica la incursión como respuesta a los proyectiles que Hizbulá vierte sobre el norte de Israel, pero la escalada es inédita desde 2006: más de 100 torres bombardeadas en una sola jornada, según el diario Haaretz. El resultado: rascacielos vacíos, vecinos que vuelven a empaquetar la vida en una mochila y un Gobierno libanés que no alcanza a contar los escombros.

El saldo que nadie quiere mirar a los ojos
Mientras Netanyahu habla de "zona de seguridad" al sur del río Zahrani, los números despiertan otra historia. En 26 días, 1.247 libaneses han muerto, 124 de ellos niños que ni siquiera sabían leer la palabra ‘resistencia’. Heridos: 3.680, con 418 menores entre ellos. Al otro lado de la valla, Israel lamenta dos civiles fallecidos por cohetes y seis soldados en combate. La proporción grita, pero el mundo parece haber perdido la audición.
Con Rakin fuera del tablero, el primer ministro promete ampliar la operación terrestre. La pregunta no es si habrá más ataques, sino cuántas fichas quedan por caer antes de que Beirut se quede sin espacio para enterrar a sus muertos.