Israel blinda 235.000 m€ para la guerra mientras los misiles iraníes interrumpen el voto
Misiles de Teherán cruzaban el cielo de Jerusalén mientras los diputados de la Knesset se tiraban al suelo bajo los asientos. Cuatro veces. Catorce horas después, el presupuesto más caro de la historia de Israel —235.340 millones de euros— se aprobó con 62 votos a favor y 55 en contra. Netanyahu respira. La coalición se agarra al sillón.
El armario blindado de smotrich
El ministro de Finanzas, Bezalel Smotrich, salió tras el escrutinio como quien cierra un trato en el mercado negro: «Este presupuesto vela por el bienestar de todos». Dijo «todos» mientras el capítulo de Defensa crece un 20 % y se queda con 142.000 millones de shekel. A eso hay que sumarle 22.000 millones más que llegarán solo si los ingresos fiscales lo permiten y otros 82.200 millones comprometidos a largo plazo. O sea, casi 40.000 millones de euros destinados a tanques, drones y misiles.
La jugada tiene nombre: Elbit Systems. La empresa israelí se ha llevado 150 millones de shekel para fabricar proyectiles de 155 mm en territorio nacional. Miles de puestos de trabajo, dicen. Menos dependencia de Washington, susurran. El general Amir Baram y el titular de Defensa, Israel Katz, firman la hoja de ruta: producir más, comprar afuera menos.

Los ultraortodoxos también cobran
Mientras los reservistas aguardan la siguiente convocatoria, la comunidad haredí recibirá 800 millones de shekel. La excusa oficial: compensar la paralización de fondos que impuso la fiscal general Gali Baharav-Miara cuando los yeshivás se negaron al reclutamiento. La oposición lo llama «coima electoral». El Gobierno lo vende como «equidad».
Yair Lapid estalló en el pleno: «Es el mayor robo de la historia del Estado». A su lado, Naftali Bennett habló de «glotonería fiscal». Ambos saben que las encuestas castigan a Netanyahu, pero también que la calle pide continuidad en la ofensiva contra Hamás y Hezbolá. Ahí se sostiene el primer ministro: la guerra justifica el desembolso y el desembolso aplaza elecciones.
El precio de seguir vivo
La noche terminó con sirenas en Tel Aviv y aplausos en la bancada oficialista. Queda un país con inflación contenida —de momento—, un déficit que trepará al 6 % del PIB y una deuda que ya roza el 70 %. Pero la lógica es otra: si los misiles iraníes vuelven, mejor tener llenos los almacenes de proyectiles que las arcas del Tesoro.
Israel cierra el ejercicio 2026 con el cheque más gordo de su historia y la certeza de que, si la guerra se alarga, ese número volverá a parecer pequeño. Netanyahu lo sabe. Por eso no convocará elecciones. Por eso el presupuesto es también un blindaje político. Mientras haya misiles que interceptar, habrá votos que preservar.