Israel bloquea al patriarca católico en el santo sepulcro: la guerra silencia la misa de ramos

La Policía israelí cerró este domingo la puerta de la Basílica del Santo Sepulcro al propio cardenal Pierbattista Pizzaballa, máxima autoridad católica en Tierra Santa. Ningún fiel lo acompañaba; apenas llevó el misal y la custodia. Bastó un escuadrón de agentes para abortar la liturgia del Domingo de Ramos, ritual que se reitera sin interrupción desde la Edad Media. Ni siquiera la pandemia logró cancelarla: en abril de 2020, 15 monjes custodiaron el Fuego Sagrado bajo la cúpula vacía. Hoy, un conflicto de nuevo cuño —y la ausencia de búnkeres en la Ciudad Vieja— ha hecho lo que el virus no pudo.

El veto que nadie firmó

El portavoz policial alegó que la falta de refugios contra misiles convierte el entorno en "un peligro real para la vida humana". La orden llegó horas después de que el Vaticano solicitara celebrar una misa privada, sin procesión ni incienso. El argumento técnico: vehículos de emergencia no caben por los callejones adoquinados. Lo que el comunicado no explica es por qué, esa misma mañana, más de cien cristianos sí pudieron congregarse en la iglesia de San Salvador, a tiro de piedra del Sepulcro.

El obispo greco-ortodoxo que observó el incidente —y que prefirió el anonimato para no añadir leña al fuego— restó credibilidad al discurso oficial: "Es un juego de poder. Es un símbolo". Sus dedos deslizaron una galería de imágenes en el móvil: el Fuego Sagrado de 2020, la custodia vacía, la soledad de 15 monjes frente a las cámaras. "Ni entonces se canceló la liturgia", recordó.

El Patriarcado Latino condenó la medida con una contundencia inusual: "Por primera vez en siglos se impide a los jefes de la Iglesia celebrar la misa de Ramos". La frase golpea porque remite a crónicas del siglo XII, cuando los cruzados custodiaban la puerta y los califes cobrabn peaje por el incienso. Nunca, ni bajo dominio otomano, británico o jordano, se cerró el acceso al prelado latino en la fiesta que inaugura la Semana Santa.

La diplomacia que cruje

La diplomacia que cruje

Roma no tardó en reaccionar. El Gobierno italiano calificó el veto de "ofensa no solo a los creyentes, sino a toda comunidad que reconozca la libertad religiosa". El ministro de Exteriores, Antonio Tajani, convocará mañana al embajador israelí. La medida es más que un gesto diplomático: Italia custodia vía franciscana buena parte de los bienes católicos en Tierra Santa y financia la restauración del Sepulcro desde 2016.

El incidente se suma a una lista de restricciones que ya afectan a musulmanes y judíos. Desde el 28 de febrero, Israel prohíbe la entrada de fieles a la Explanada de las Mezquitas durante Ramadán y limita el reio judío en el Muro. Tres religiones, un mismo cerco: la guerra contra Irán —que Jerusalén no confirma pero todos dan por hecha— ha convertido la ciudad vieja en un tablero donde cada movimiento religioso es también militar.

El cardenal Pizzaballa regresó al Patriarcado sin celebrar la misa. Custodio Francesco Ielpo llevó el misal bajo el brazo como quien transporta una herida. En la Basílica, las lámparas permanecieron encendidas: nadie las apagó porque nadie entró. El silencio fue tal que se escuchó el chisporroteo del aceite de oliva, igual que hace ochocientos años, cuando los cruzados rezaban por la misma piedra. La diferencia es que entonces la puerta se sellaba con espada y hoy con un parte policial. La fe, dicen en Jerusalén, se mide en generaciones; la política, en minutos. Esta vez, la política ganó por KO en la primera asalto.