Israel bloquea al patriarca católico en el santo sepulcro: la misa de ramos que no pudo ser
Pierbattista Pizzabala se quedó a un paso de la puerta de la iglesia más sagrada del cristianismo. La Policía israelí le cerró el paso cuando iba a celebrar la misa del Domingo de Ramos en el Santo Sepulcro, un hecho sin precedentes en siglos, según denuncia el Patriarcado Latino de Jerusalén.
El vicario patriarcal, acompañado por su séquito litúrgico, se topó con un cordón de agentes que ni siquiera le dejó cruzar la calle de los Cristianos. La escena, captada por fieles palestinos, muestra a Pizzabala —con su mitra blanca y el báculo en la mano— dialogando en vano durante casi diez minutos.
El documento que israel no reconoce
El oblativo que el patriarca portaba es el famoso Status Quo, el acuerdo otomano de 1852 que garantiza el acceso a las confesiones cristianas a sus santos lugares. Pero este domingo, según testigos, los oficiales exigían un permiso militar que nadie había pedido antes.
La medida llega después de que el Ministerio de Exteriores israelí alertara de “tensiones previas” entre monjes griegos y franciscanos por el cambio de horarios de procesión. El Gobierno palestino de la Autoridad Nacional habla de “chantaje religioso” y acusa a Israel de usar la seguridad como “arma política”.
El incidente ha desatado una ola de indignación en Roma. El Vaticano convocó de urgencia al embajador israelí para exigir explicaciones antes del Viernes Santo, cuando el Santo Padre pronunciará su tradicional oración en el Coliseo.

¿Qué hay detrás del veto?
Fuentes de la Custodia de Tierra Santa, que piden el anonimato por miedo a represalias, apuntan a una maniobra de Ben Gvir, titular de la cartera de Seguridad Nacional y conocido activista del movimiento judío radical. Su objetivo: demostrar quién controla la Ciudad Vieja tras la última tanda de disturbios en la explanada de las Mezquitas.
El dato habla por sí solo: en lo que va de año, Israel ha denegado 37 permisos de entrada a sacerdotes extranjeros, el doble que en 2023. Un incremento que coincide con la escalada de asentamientos en el barrio cristiano de Beit Hanina.
Mientras, en el interior del Sepulcro, los franciscanos celebraron una misa exprés con solo 20 fieles. “Era como rezar en una cárcel”, confiesa hermano Ibrahim, que llevaba 46 años encargándose de las palmas. “Las cámaras de seguridad nos grababan hasta al momento de la consagración.”
La próxima cita es el Domingo de Resurrección. Si el veto se repite, el patriarca advierte que trasladará la liturgia a Belén, un gesto que convertiría la celebridad local en un acto de desobediencia civil. Jerusalén, una vez más, se juega su alma en una puerta.