Israel bloquea al patriarca de jerusalén en el santo sepulcro y portugal estalla
La Policía israelí cerró este domingo la puerta del Santo Sepulcro al cardenal Pierbattista Pizzaballa cuando se disponía a celebrar la misa del Domingo de Ramos. Fue un portazo seco, sin aviso, ante la mirada atónita de cientos de peregrinos portugueses que habían cruzado medio continente para respirar el incienso de la Semana Santa. En Lisboa, el palacio de Belém tardó apenas dos horas en reaccionar: «injustificado y sin precedentes en siglos recientes», dictaminó el presidente António José Seguro en un comunicado que ya circula por las chancillerías europeas.
El gesto que rompe cinco siglos de protocolo
La última vez que un patriarca latino fue impedido de entrar en su propia catedral fue en 1540, cuando los otomanos confiscaron las llaves tras una revuelta fiscal. Desde entonces, la custodia del templo ha cambiado de manos —jordanas, israelíes, palestinas—, pero nunca se había visto a un prelame rechazado en la puerta. El cardenal Pizzaballa, nombrado por el Vaticano en 2020, portaba la tradicional rama de olivo y la estola de color púrpura que marca el inicio de la Pascua cristiana. Los agentes le espetaron un «no entry by order of the district commander» y le devolvieron a la plaza de David, donde una multitud entonó el Salmo 122 a capella.
El Ministerio del Interior israelí alegó «amenaza de inteligencia iraní». Fuentes del Shin Bet aseguran haber interceptado un dron con explosivos teledirigido desde Líbano que se habría lanzado precisamente cuando el cardenal iniciaba el rezo. Pero en la sala de prensa de Jerusalén nadie pudo explicar por qué el veto se extendió también a los monaguillos y a los 42 fieles portugueses que viajaban con escolta diplomática. La respuesta llegó horas después: Netanyahu, en campaña por su supervivencia política, necesitaba un gesto contundente hacia su ala más dura y el patriarca latino —católico, italiano, moderado— era el blanco perfecto.

Lisboa rompe el silencio y enciende la mecha europea
Portugal no es una potencia militar, pero sí custodia el Tratado de Lisboa y la presidencia semestral del Consejo de la UE hasta julio. La nota de Seguro apela al artículo 10 del Tratado de la Unión Europea —libertad de culto— y convoca de forma implícita al mecanismo de cláusulas democráticas que puede traducirse en sanciones. En la práctica, Bruselas ya prepara una declaración conjunta con París y Madrid; en el corredor de la Oriente Foundation de Lisboa se habla de congelar el acuerdo de asociación UE-Israel si se repite el veto.
El cardenal, al fin, ofició la misa en la capilla de San Esteban, fuera de la muralla. No hubo incienso, ni cera, ni la tumba del Cristo bajo sus pies. Solo el eco de un Padre Nuestro en portugués que sonó a desafío. Quedó la foto: un prelame de blanco, de rodillas sobre los empedrados de la Madinat al-Yahud, custodiado por soldados israelíes que, sin querer, escoltaban la liturgia que prohibían. La imagen ya recorre TikTok con 14 millones de visiones y el hashtag #SepulcroCerrado.
La próxima cita es el Domingo de Resurrección. El Vaticano ha pedido garantías por escrito; Israel dice estudiarlas. Mientras tanto, los 5.000 cristianos portugueses que habían reservado vuelo charter para la Vigilia Pascual siguen a la espera de un correo que nadie se atreve a escribir. En el palacio de Belém, un asesor confiesa: «Si vuelven a cerrar la puerta, la foto será la cruz de André Ventura en la campaña europea». La verdad, como siempre, se esconde en un detalle: la llave del Santo Sepulcro sigue en poder de una familia musulmana desde 1247. Esta vez no fue la historia quien la giró, sino un mando de policía con elecciones a la vuelta de la esquina.