Israel cierra el grifo de ayuda a gaza dos días por pesaj y la onu avisa: la comida sigue sin llegar

La Franja de Gaza se quedará sin entrada de camiones humanitarios los días 2 y 8 de abril. El motivo: las fiestas judías. El responsable: el COGAT, la oficina militar israelí que controla cada torniquete de la vida civil en los territorios ocupados. Dos días de cierre que, en medio de una hambruna declarada por la ONU, suenan a sentencia.

El comunicado del COGAT llegó esta madrugada a Jerusalén: «Debido a las vacaciones de Pascua, los cruces de Israel a la Franja de Gaza cerrarán este jueves y el próximo miércoles». Es decir, el paso de Kerem Shalom —único punto de entrada para la ayuda internacional— se blindará mientras el resto del país celebra el Seder. La ironía: permitirán que los palestinos recojan lo que ya está almacenado en el lado gazatí, pero nada nuevo entrará.

La contradicción que nadie firmó

La contradicción que nadie firmó

El ejército israelí insiste en que Gaza recibe «cuatro veces la cantidad de ayuda necesaria». La ONU, sin embargo, desmonta la cuenta: más camiones no significa más calorías. «Llegan arroz y harina, pero apenas fruta, proteínas o medicamentos. Y lo que entra es caro para la población que ya no tiene ingresos», cuentan a este periódico fuentes de la UNRWA que piden no ser citadas por miedo a represalias. El resultado: los mercados de Rafah y Jabalia llenos de sacos que nadie puede comprar.

El corte de abril no es un hecho aislado. Desde el 7 de octubre, Israel ha interrumpido el flujo humanitario en cada festividad judía, cada operación militar o cada alerta de cohete. La lógica es simple: la seguridad de los checkpoint pesa más que el hambre del enclave. La pregunta que se hacen los operadores de la ONU es si esas pausas son técnicas o políticas. «Cada vez que suenan las sirenas, alguien decide que un camión de leche en polvo puede esperar», resume un coordinador que lleva meses en la frontera.

El cierre coincide con la escalada de violencia en Jenín y Nablús, donde la última ofensiva nocturna dejó siete muertos. En Gaza, el temor es que la celebración del Pesaj se convierta en una pantalla para una ofensiva terrestre que los analistas llevan semanas anticipando. Los drones no han parado de cruzar el cielo desde el viernes.

La cifra que desmiente al COGAT: solo el 37 % de la ayuda programada por la ONU para marzo entró realmente en Gaza. El resto quedó retenido en Ashdod o devuelto a Al-Arish. Traducido: de cada diez camiones que deberían haber cruzado, seis dieron la vuelta. El organismo militar no lo menciona en su parte diario.

En las colas de Rafah, Umm Khaled, madre de cinco hijos, resume el sentimiento: «Nos dicen que hay exceso de comida mientras mi hija menor come pan duro con agua». Detrás de ella, un cartel de la UNRWA advierte: «Una dieta humanitaria mínima requiere 2.100 calorías diarias». La realidad: la canasta gazatí ronda las 1.200, y eso antes del cierre de Pesaj.

Israel cierra el grifo, la ONU avisa y Gaza sigue contando camiones como quien cuenta gotas en un incendio. La parte final del comunicado del COGAT promete que «después de la festividad la operación volverá a la normalidad». La pregunta es qué significa normalidad cuando la normalidad es hambre.