Israel encamina la horca para palestinos con la ley de pena de muerte
La Knéset no ha dormido. A las 03:42 de este lunes, cuando el último ministro firmaba el Presupuesto 2026 regalado a los ultraortodoxos, el plenario ya calentaba el siguiente filete: la pena de muerte para «terroristas». Traducción: palestinos acusados de homicidio. Los diputados abrieron el debate final sin mirar a Europa, que les advierte desde París, Berlín, Londres y Roma que la horca les hará más daño a ellos que a Hamás.

Una ley con dos velocidades: cuerda para unos, abogados para otros
El proyecto llega con la firma de Itamar Ben Gvir, ministro que colecciona fotos en tiendas de armas de Hebrón. Si la lema pasa esta misma semana —bastan más síes que noes, aunque la mitad de la cámara esté de juerga—, los jueces militares de Cisjordania quedarán obligados a dictar muerte por ahorcamiento en 90 días. A los colonos israelíes que apuñalen a un árabe en Tel Aviv les seguirá aplicando la justicia civil y, para que no falte el guiño, se exige que el crimen tenga «intento de negar la existencia del Estado». Es decir: nunca.
Miriam Azem, abogada de Adalah, lo resume con la sequedad de quien ha perdido ya todos los recursos: «Por primera vez Israel introduce la pena capital con un doble marcador étnico». La corte marcial palestina no podrá evitar la horca; la penal israelí, sí. Y como la etiqueta «terrorista» la pesa el ejército, la estadística ya adivina el color de la soga.
La ejecución será anónima: el verdugo actuará encapuchado y el nombre quedará sellado 50 años. El protocolo se copió del británico de 1947, olvidando que Londres abolió la horca en 1965. Aquí, la nostalgia va por otros derroteros.
La votación puede producirse en cualquier momento. Netanyahu, que ya cedió millones a los rabinos para salvar el Presupuesto, no necesita mayoría holgada: basta con que los ultraortodoxos cumplan la promesa de altar y sangre. Europa protesta, la ONU amenaza y Washington mira para otro lado. En Jerusalén solo importa quién cuenta los cadáveres.
La última vez que Israel ejecutó a un civil fue en 1962: Adolf Eichmann. Ahora la horca regresa para palestinos que quizá solo portaban cuchillo y desesperación. La Knéstet no ha dormido; la región tampoco lo hará.