Israel encierra al cardenal pizzaballa y luego ofrece una misa ‘light’ en el santo sepulcro
Domingo de Ramos sin Ramos. El cardenal Pierbattista Pizzaballa, patriarca latino de Jerusalén, vio cómo un cordón policial le cerraba el paso a la iglesia del Santo Sepulcro mientras portaba la palma blanca que debía bendecir a miles de fieles. Horas después, la Policía israelí anunciaba un “plan de oración limitado” como si ofreciera un plato de consolación tras haberle negado la entrada al principal protagonista de la liturgia.
El protocolo que se rompió en la puerta de la basílica
La comitiva del cardenal circulaba por la calle David cuando los agentes les ordenaron dar media vuelta. La diócesis había coordinado la visita días antes; no se esperaba multitud, solo el rito interno. Pero el mando del distrito de Jerusalén invocó “ausencia de área de protección estándar” y la consigna se ejecutó sin réplica. En ese momento, el Santo Sepulcro —que lleva siglos funcionando como un reloj de engranajes confesionales— perdió un tornillo esencial: el que garantiza la libertad de culto al jefe de la iglesia local.
El incidente saltó a las redes antes que los incensarios. Fotos del cardenal de pie, palma en mano, junto a un biombo de agentes con fusiles, recorrieron grupos de WhatsApp de parroquias de Belén, Nazaret y Roma. La imagen era más elocuente que cualquier comunicado: un prelado bloqueado a tres metros de la tumba que, según la tradición, resucitó al fundador de su religión.

Netanyahu llama al rescate… después del varapalo
Benjamín Netanyahu, que suele despertar tarde los domingos, se apresó a tuitear que había “ordenado acceso pleno e inmediato” para Pizzaballa. Fuentes del patriarcado confirman que la llamada llegó cuando el cardenal ya había regresado a su residencia en la muralla vieja. El primer ministro añadió que “durante los últimos días Irán ha disparado misiles balísticos contra lugares santos”, incluido, dijo, “a pocos metros del Santo Sepulcro”. Nadie en la basílica constata ese impacto. Los guardianes franciscanos hablan de explosiones lejanas, pero ningún proyectil tocó la cúpula. Lo cierto es que el argumento de seguridad sirvió para justificar el cierre de la plaza del Muro de las Lamentaciones y del Monte del Templo, y, de rebote, para blindar el acceso cristiano.

La comunidad internacional rompe el silencio de pascua
El primer reproche llegó de Pedro Sánchez, que calificó el veto de “ataque injustificado a la libertad religiosa”. Gideon Saar, ministro de Exteriores israelí, devolvió el golpe: “Cuando un misil iraní cayó cerca del Sepulcro, España no dijo nada”. En Roma, el viceministro de Exteriores, Edmondo Cirielli, convocó al embajador israelí para pedir “garantías inmediatas de acceso”. En Jerusalén, el diputado árabe-israelí Ayman Odeh presentó una queja formal al Ministerio de Defensa: “Si un cardenal puede ser rechazado, imagine qué le queda a un palestino de Anata”.
El plan de oración “limitado” —que reduce aforos, prohibió cánticos colectivos y obligó a los fieles a pasar por detectores de metal— se aplicó ayer por la tarde. Un centenar de franciscanos y ortodoxos griegos accedieron por turnos de 15 minutos. La misa del cardenal, ya sin palma, se celebró en la capilla de la Custodia, fuera de la basílica. El incienso olía a improvisación.
El Santo Sepulcro no es un simple templo; es el termómetro político de Jerusalén. Cuando sus llaves —custodiadas por dos familias musulmanas desde el siglo XII— se niegan a girar, la ciudad entera se recalienta. El domingo, la llave la empalmó la Policía israelí. Y la cerradura protestó.
La próxima cita es el Domingo de Resurrección. El patriarcado latinos advierte: “No aceptaremos otra misa exprés”. En la mesa de Netanyahu, el dossier Sepulcro empieza a competir con el de Rafá. La calle David, ayer blindada, puede convertirse en la antesala de un enfrentamiento que empezó con una rama de palma y que nadie sabe cómo terminará.