Israel se anexiona el sur del líbano y ya habla de 'nueva frontera' en el río litani
Beirut respira miedo. Las tropas israelíes tocan el río Litani y Bezalel Smotrich, ministro de Finanzas y jefe del Partido Sionista Religioso, ha soltado la frase que nadie quiere oír: al final de la campaña habrá una "nueva frontera de seguridad" justo en la orilla sur del cauce. Traducción: el sur del Líbano pasa a ser zona de ocupación declarada, sin eufemismos.
La línea roja que ya no existe
La Litani siempre fue el límite no escrito. Más allá del agua verde empieza el Líbano profundo, más allá de la retórica empieza la guerra abierta. En las últimas 48 horas los blindados han cruzado pueblos cristianos y chiíes, han dejado 1.200 cadáveres según el recuento oficial de Beirut y han convertido la ribera en un cementerio temporal. Tres soldados israelíes –el capitán Noam Madmoni, 22 años, y los sargentos Ben Cohen y Maxim Entis, ambos de 21– se suman a la lista de nueve bajas que el Ejército reconoce por primera vez en esta fase terrestre.
Los bombardeos no distinguen. Una escuela en Khiam, un hospital en Bint Jbeil, una carretera que antes llevaba tráileres de melocotones ahora lleva camiones de cuerpos. La aviación arrasa puentes y repetidoras; la infantería avanza por las colinas que controló Hezbolá durante dos décadas. El objetivo oficial –"diluir la capacidad del partido-milicia"– se mezcla con el objetivo real: anexionar de facto la franja sur y controlar el curso de agua que abastece a Tel Aviv desde 1967.
En Jerusalén, el gabinete de Netanyahu aplaude. En Beirut, el presidente interino Aoun convoca a los embajadores europeos y recibe evasivas. La frontera de 1923, trazada por lápiz y regla colonial, se desvanece bajo los tracks de los Merkava. Washington pide "restraint"; Moscú habla de "colapso regional"; la UE certifica preocupación y envía fondos humanitarios que no llegarán hasta después de la lluvia de misiles.

El precio de un río que ya no es libanés
Smotrich no es un improvisado. Economista de formación, ideólogo de asentamiento, lleva años diseñando mapas donde el sur del Líbano aparece como "judea y samaria norte". Sus declaraciones no son un desliz: son el acta de nacimiento de una nueva frontera que Israel dibuja con tanques. La Litani se convierte en línea verde 2.0, con la diferencia de que esta vez no hay negociadores ni bufetes de abogados, solo artillería.
La cifra de muertos –1.200 y subiendo– es el balance más negro desde 2006. Pero la cifra que nadie publica es la de desplazados: 300.000 libaneses que han huido hacia el norte en 72 horas, atascados en colas de coches que olvidan el pasaporte y llevan solo una bolsa de plástico con fotos. El Ejército libanés observa desde lejos; Hezbolá responde con cohetes que caen en Haifa y en Kiryat Shmona; la escalada se alimenta sola.
En la ribera oriental del Litani, un soldado israelí graba un TikTok: "Ya estamos en el agua, falta poco para casa". El vídeo dura ocho segundos. Bastan para confirmar que la frontera ya no es un tratado, es un selfie de ocupación.