Junqueras dibuja una línea roja: erc no se sube al carro de la izquierda española
Oriol Junqueras ha puesto el martillo sobre la mesa esta mañana: erc no compartirá cartel fuera de Cataluña. En una entrevista en Telecinco, el presidente del partido independentista ha dejado claro que la alianza de izquierdas que preparan Podemos y Sumar con su propio portavoz, Gabriel Rufián, no tendrá sello republicano en las generales. «En Cataluña se presenta erc», ha zanjado. Y ha añadido una frase que sonará en los despachos de Ferraz y de Alameda: «No fui a la cárcel para que Ada Colau sea diputada en una lista por erc».
El acto del 9 de abril que no contará con junqueras
La cita es el próximo 9 de abril en Barcelona. Irene Montero, Rufián y Xavier Domènech promocionarán allí un frente de izquierdas de ámbito estatal. Junqueras, invitado, ha dicho que «seguramente» no irá: agenda apretada, ha justificado. Pero el mensaje va más allá de una excusa de calendario. El líder republicano desmarca a su partido de cualquier operación que no parta de la autonomía catalana. «Respeto que otros hagan coaliciones, pero nadie nos va a decir cómo nos presentamos en nuestra casa», ha subrayado.
La frase es un varapalo al entorno de Yolanda Díaz, que veía en Rufián un puente hacia el electorado catalán. La jugada buscaba sumar los 1,3 millones de votos que erc obtuvo en 2019 sin que el partido se diluyera en una marca estatal. Junqueras lo descarta rotundamente: «Nosotros ya somos la izquierda catalana». Y afea que se use el nombre de ERC como comodín para tapar el hueco que deja Unidas Podemos en el mapa.

El fantasma del 1-o y la cuenta de 95 años
Detrás de la negativa late la herida del 1-O. Junqueras lleva en la sangre la condena por sedición y la certeza de que su partido ha pagado un precio caro por el independentismo. «Tenemos 95 años de historia. No vamos a cambiar nuestra esencia para encajar en una foto», ha espetado. La referencia a la cárcel no es gratuita: es la coartada emocional que le permite cerrar la puerta a cualquier intento de absorción. «No voy a regalar la marca ERC para que otros ocupen nuestro espacio», confesó a un dirigente de su entorno horas antes de la entrevista.
El mensaje interno es claro. Si Sumar quiere sumar, que sume sin ERC. El partido ya tiene la hoja de ruta: mantener la hegemonía en el Parlament, blindar los ayuntamales donde gobierna y presentarse solo al Congreso. El 28-M les sirvió de ensayo: 13 diputados y la llave de la governació. Repetir la fórmula en 2024 es la apuesta.
En los pasillos del Congreso, Rufián escuchó la entrevista con el ceño fruncido. Lleva meses tejiendo acuerdos con Montero y con Díaz. Ahora deberá explicar a sus socios que el «sí» definitivo no llegará. La negativa de Junqueras deja a Sumar sin el paraguas catalán que necesitaba para competir con el PSOE por el voto progresista. Y deja a Rufián en una encrucijada: o mantiene el discurso de la unidad sin el aval de su jefe, o asume que su papel será el de comparsa en una foto que ya no incluirá las esteladas.
La jugada, lejos de cerrar filos, abre una brecha. En la izquierda española empiezan a temer que ERC use la negociación de investiduras como moneda de cambio. Junqueras, mientras tanto, sigue sumando días de campaña en territorio catalán. Ayer era Tarragona, hoy Lleida, mañana Girona. Su lema: «Primero Cataluña». El resto, ya se verá. O no.