Kiko rivera frena la venta de cantora tras reconciliarse con su madre
Un millón cien mil euros. Esa es la cifra que Kiko Rivera tiene sobre la mesa desde hace una semana. El DJ se había comprometido a vender su parte de Cantora a un empresario libanés con nacionalidad francesa, pero una llamada de su madre en febrero cambió el destino de la histórica finca de Paquirri.
Begoña Gutiérrez, exmánager de Isabel Pantoja y artífice de la operación, lo dejó caer en el especial de El precio de. de Telecinco: Kiko Rivera ha pisado el freno. La operación que llevaba dos años gestándose en la sombra ahora mismo está congelada. El motivo: la reconciliación madre-hijo. «Ahora estamos en un impás. Kiko dice que se ha reconciliado con su madre y parece que no está interesado en vender».
El nacimiento de un pacto en la intimidad
El punto de partida fue un cumpleaños. El de Rivera, en 2023. «En su cumpleaños, incluso delante de Irene, me dice que quiere vender, que busque vendedores», recordó Gutiérrez. A partir de ese momento, la agente movió fichas: contactos discretos, reuniones en despachos de Marbella y una búsqueda de inversores que culminó en junio de 2025 con la aparición del empresario libanés. Su plan: comprar el crédito que KutxaBank tiene sobre Cantora, desembolsar 300.000 euros a Rivera y hacerse con la posesión sin necesidad de que Isabel Pantoja firme nada.
El 11 de febrero de 2026, ambas partes rubricaron el acuerdo en una notaría de Marbella. Todo listo para el salto. Pero la tonadillera volvió a cruzarse en el camino.

El peso de la deuda y la sombra de la madre
Lo que nadie cuenta es que Rivera no era deudor: era avalista. Su firma garantiza el millón cien mil euros que su madre aún debe al banco. Si la venta se hubiera cerrado, el DJ se libraba de la responsabilidad y el comprador asumía la finca y el crédito. Ahora, sin embargo, la deuda sigue ahí, adherida a su nombre, mientras él «se toma unos días para reflexionar».
Gutiérrez no se mordió la lengua: «Es una operación congelada por su madre, que es una lianta». La frase, lanzada en prime time, resume el poder que Isabel Pantoja sigue ejerciendo sobre su hijo. Una influencia que ha convertido la negociación en un tablero emocional donde el dinero y la sangre se mezclan.

Pistachos, exorcismos y la revolución verde
El empresario libanés, cuya identidad se mantiene bajo llave, no solo quería la casa. Su ilusión era sembrar pistachos en los terrenos colindantes, montar una explotación agrícola y capitalizar el boom de este cultivo en España. «Mi cliente lo que tiene que hacer es un exorcismo, una limpieza», ironizó Gutiérrez. La metáfora es demoledora: desenterrar la historia de los Rivera-Pantoja para plantar árboles que den fruto.
La operación, de momento, sigue en punto muerto. Kiko Rivera no ha dicho que no, pero tampoco ha firmado. Y mientras tanto, KutxaBank sigue cobrando intereses. La próxima semana podría ser clave: el DJ deberá decidir si prefiere la tranquilidad económica o la paz familiar. Cantora, esa herencia que siempre fue un lastre, vuelve a ser una moneda al aire. La que define si los Pantoja siguen siendo dueños de su propia leyenda o si, por fin, alguien ajeno al culebrón se queda con las llaves del cortijo.