La casa blanca caza fondos árabes para la factura de su guerra contra irán

Washington ha encendido la calculadora. Mientras los cazabombarderos F-35 descargan su arsenal sobre Teherán desde el 28 de febrero, en la Casa Blanca ya se preguntan quién pagará la cuenta. La respuesta, confesó este lunes la portavoz Karoline Leavitt, podría encontrarse en los petrodólares de los emiratos.

El chantaje diplomático de los misiles iraníes

Arabia Saudí, Kuwait, Emiratos Árabes Unidos y Bahréin llevan dos semanas recibiendo proyectiles iraníes como respuesta a los bombardeos estadounidides. Nadie en el Golfo olvida que, en 1991, la factura de la guerra contra Sadam Hussein la pagaron los jeques. Ahora, la historia se repite con tintes más crudos: sus refinerías arden, sus ciudades se vacían y sus bolsillos, sospechan en Washington, deberían abrirse.

«Es algo que le interesaría plantear al presidente», musitó Leavitt cuando un periodista le preguntó por el dinero. La frase, aparentemente inocua, revela el juego: Trump necesita liquidez para una guerra que ya cuesta 2.000 millones diarios en munición y combustible, según estimaciones del Pentágono. Los árabes, a cambio, exigen un paraguas antimisiles que Washington no puede garantizar.

Las cuentas del infierno

Las cuentas del infierno

En Riad ya han hecho los deberes. Cada Patriot interceptado cuesta 4 millones de dólares. Cada dron Shahed iraní, apenas 20.000. La ratio es demoledora: por cada dólar que Irán gasta, sus vecinos deben invertir 200 para defenderse. El príncipe heredero Mohammed bin Salman lo sabe y, por eso, en su última llamada con Trump habló de «compartir cargas» antes que de «solidaridad».

Pero hay un detalle que nadie menciona: los fondos soberanos saudíes, emiratíes y kuwaitíes suman 3,5 billones de dólares. Dinero suficiente para financiar la guerra hasta 2030 y comprar medio Ohio. A cambio, explican en el Departamento de Estado, piden solo dos cosas: que Israel no se inmiscula y que, cuando todo termine, Estados Unidos les devuelva la hegemonía regional que Teherán les arrebató.

La jugada es tan antigua como el petróleo. En 1973, los árabes usaron el crudo como arma. En 2025, lo hacen como moneda de cambio. Mientras tanto, en las calles de Damman y Dubái, los ciudadanos calculan cuántos días de petróleo les quedan antes de que el humo de los misiles oscurezca también sus cuentas corrientes.