La diabetes silenciosa que mató a manolo rojas: el infarto que no avisó
Manolo Rojas bromeaba sobre la muerte en cada función, pero la suya llegó sin chiste ni anestesia: un infarto masivo a los 63 años que ni siquiera le dio tiempo de agarrarse el pecho. El médico que lo atendía, Marco Almerí, acaba de contar la historia que el comediante ya no puede contar: una placa ateromatosa se desprendió, tapó una arteria coronaria y paró el corazón en menos de un minuto. El detalle escandaloso: Rojas había adelgazado diez kilos, controlaba la glucosa y se ejercitaba. El daño, sin embargo, venía guardado desde hace años.
La diabetes que no perdona ni a los que se cuidan
“Un millón de peruanos conviven con este asesino invisible”, advierte Almerí. La diabetes tipo 2 puede incubarse durante décadas sin dolor, sin mareos, sin señales. Mientras tanto, va tejiendo placas de grasa dentro de las arterias como una trampa que nadie revisa. Manolo descubrió la enfermedad tarde; cuando empezó a medirse la glucemia, el cartílago arterial ya estaba raspado. El cardiólogo lo resume sin anestesia: “Las placas no se deshacen con dieta; se quedan ahí, a la espera de un día de estrés, una comida pesada o nada, y se desatan”.
El “infarto silente” que liquidó al actor es una variante perversa: no duele en el pecho, irradia apenas un maleza vaga, lo confunden con indigestión y el paciente sigue contando chistes. En Perú, cuatro de cada diez diabéticos desconocen su diagnóstico. La cifra habla por sí sola: hay cuerpos caminando con artefactos explotando por dentro.
La entrevista deja un sabor amargo. Manolo le dijo al doctor que estaba “más liviano que nunca” y se ufano de sus 10.000 pasos diarios. Almerí asentía, pero sabía que el pasado de glucosas desatadas ya había escrito la sentencia. El control sirve para frenar, no para borrar. La metáfora que usa el médico es brutal: “Es como si hubieran pintado la pared con óleo; aunque ahora pases la brocha agua, la mancha queda fija”.

El legado que deja un chiste sin final
El país se levantó con memes de Manolo y frases de despedida, pero pocos leen la letra pequeña: la diabetes mató al hombre que hacía reír y puede matar al que está al lado. El Ministerio de Salud registra 13.000 muertes cardiovasculares al año en personas menores de 70; el 40 % tenía diabetes no controlada. El drama no es solo el número; es que la mitad de esas muertes podrían evitarse con una prueba de glucemia anual y una pastilla de 60 céntimos al día.
Almerí cerró la conversación con una frase que suena a epitafio colectivo: “Manolo se nos fue en un minuto, pero llevaba años avisándonos que algo estaba mal”. El comediante se despide entre aplausos y, de paso, regala la broma más amarga: la enfermedad silenciosa que lo mató no hace ruido, pero deja el escenario vacío. La sociedad puede seguir riendo, o puede empezar a revisarse la glucosa. La segunda opción es el único chiste que puede salvarla la vida.