La gasolina roza los 29 pesos y el acuerdo por 24 pesos ya está muerto

En la madrugada de este domingo 30 de marzo la bomba de Nuevo León marcó 28.419 pesos por litro de premium y 28.209 el diésel; la Magna, supuestamente «congelada» en 24 pesos, se vendió a 24.004. La cifra habla por sí sola: el pacto sellado en enero entre Claudia Sheinbaum y los empresarios petroleros murió antes de cumplir el trimestre.

El organismo que nadie notó

La desaparición de la CRE no fue un trámite burocrático. El 1.º de marzo la Comisión Nacional de Energía (CNE) absorbió sus funciones y, de paso, el lastre político de prometer precios que el mercado no aguanta. Ahora la CNE fija tarifas, otorga permisos y actualiza la tabla que cada gasolinera sube a internet antes de las seis de la mañana. El truco: ya no hay «acuerdo» sino «referencia», y la referencia se revisa cada 24 horas atada al valor del WTI y al tipo de cambio.

El resultado es un alza silenciosa. Desde el 3 de enero, cuando la premium se vendía en 26.12 pesos, el incremento acumula 8.8 %. El diésel, que arrancó el año en 26.05, ya marca un 8.3 % de subida. La Magna, la única que teóricamente tendría techo, escaló 0.9 % en tres meses; suficiente para que un taxi que reposta 40 l diarios pierda 960 pesos mensuales de margen.

El negocio de la cifra roja

El negocio de la cifra roja

Detrás de cada décimo de peso hay una cadena que cobra: el inventario inicial que compró el permisionario, la pipa que tardó 36 h en cruzar Tamaulipas, el seg contra huachicol, la cuota de la federación y el IVA que, por arte de magia fiscal, se calcula sobre el precio ya inflado. Lo que nadie cuenta es que el flete terrestre se cotiza en dólares: cuando el peso se depreció 4 % en febrero, el costo logístico subió automático y la CNE lo trasladó sin consultar a nadie.

En la estación Revolución, a un costado de la Macroplaza, el gerente prende la impresora cada amanecer. A las 5:45 carga el archivo XML que la CNE publica en su portal; a las 5:46 cambia los dígitos del cartel LED. «Es como vivir en la bolsa, pero sin acciones», resume mientras observa cómo los autos ya no llenan el tanque: «Medio tanque, eso es lo nuevo».

La inflación que no alcanza a verse

La inflación que no alcanza a verse

El Banco de México proyecta inflación de 3.2 % para marzo; el combustible la empua desde abajo. Cada peso que sube la gasolina extrae 900 millones de pesos del bolsillo de los usuarios, según cálculos de la consultora Invex. El problema: ese gasto no aparece en el índice de precios al consumidor porque la canasta básica lo ignora, pero modifica el costo del transporte de todo, desde la leche hasta la cerámica de Santa Catarina.

El gobierno federal ya no habla del «compromiso de 24 pesos». En la última conferencia mañanera la secretaria de Energía, Luz Elena González, limitó a decir que «se seguirá trabajando por la estabilidad». La frase huele a nafta vieja: en 2024 la administración anterior también prometió «estabilidad» y cerró el año con la premium en 27.35, récord hasta entonces.

El próximo límite es psicológico

Los 30 pesos por litro ya no parecen ciencia ficción. Los analistas de Monex ven el umbral roto antes de septiembre si el crudo Brent se mantiene sobre 82 dólares y el peso cae a 19.5 por dólar. La CNE, lejos de frenar, publicó la semana pasada un acuerdo que permite a las estaciones actualizar precios «hasta dos veces al día» si hay «volatilidad extraordinaria». Es decir: la bomba puede cambiar de precio mientras uno hace fila.

Mientras tanto, el consumidor ya hace su propia cobertura. En grupos de Facebook de Guadalupe y San Pedro circulan mapas coloreados: verde para las gasolineras que aceptan tarjeta de débito sin recargo, rojo para las que ya cobran 28.90 el litro de premium. Es el mercado negro de la legalidad: nadie regula el regulador.

La próxima vez que la luz del cartel parpadeé, recuerde: no es un fallo técnico. Es la señal de que el acuerdo quedó atrás y el precio, como el clima, ya no perdona.