La guardia civil desmantela una red de 'cosmética envenenada' en gran canaria
En las peluquerías de Las Palmas circulaban cremas que prometían blanquear la piel en siete días. Lo que no decían sus etiquetas es que llevaban clobetasol y betametasona, corticoides tan potentes que requieren receta médica. La Guardia Civil ha confiscado 586 productos sanitarios en establecimientos del norte de Gran Canaria que jugaban a la ruleta rusa con la salud de sus clientes.
La operación Pangea XVIII, coordinada a nivel internacional, ha destapado un entramado que introduce medicamentos sin licencia y cosméticos adulterados a través del puerto de la capital. De los 586 efectos intervenidos, 71 eran fármacos y 515 productos de belleza. La mitad ni siquiera llevaban etiqueta en español.
La trampa estaba en la crema blanqueadora
Los agentes se fijaron en un detalle: los botes de crema venían de Paraguay, India y Bangladesh pero se vendían como cosméticos europeos. El engaño duraba hasta que aparecía la dermatitis, el acné o la piel tan fina que se desgarraba al roce. "El uso continuado de estos corticoides sin control médico puede provocar insuficiencia adrenal o empeorar diabetes e hipertensión", advierte la Guardia Civil en su comunicado.
El modus operandi era simple. Importaban contenedores con productos que declaraban como 'champú' o 'loción corporal'. Una vez en el almacén, reetiquetaban y distribuían a peluquerías que ofrecían tratamientos 'express' para manchas, cicatrices o vitiligo. El precio: entre 20 y 80 euros el bote. El beneficio: multiplicado por diez.
La investigación arrancó cuando inspectores del puerto detectaron mercancías con facturas duplicadas. Al cruzar los códigos de barras con la Agencia Española de Medicamentos, saltó la alarma: varios lotes ya habían sido retirados en Francia por efectos adversos. La Guardia Civil siguió el rastro y localizó al menos tres peluquerías que vendían la mercancía bajo mostrador.

Canarias, puerta de entrada del contrabando farmacéutico
La geografía isleña convierte a Canarias en un hub logístico perfecto para el contrabando sanitario. Los contenedores llegan desde Tánger o Santa Cruz de la Sierra, hacen escala en Las Palmas y reemprenden rumbo a Europa. Muchos ni siquiera tocan tierra: cambian de buque y desaparecen del radar. La Guardia Civil calcula que solo en 2023 pasaron por el puerto 2.300 toneladas de productos sanitarios sin trazabilidad.
El consejo de los investigadores suena a sentencia: «Si no tiene número de registro español, no lo compres». La pista es sencilla: en el envase debe figurar el código CNP (Cosmético Notificado en España) y un teléfono de atención al consumidor. Si falta alguno, la cremita puede terminar en el tribunal.
Mientras tanto, la Dirección General de Salud Pública de Canarias ya ha abierto expediente sancionador a los establecimientos. Las multas oscilan entre 1.000 y 10.000 euros por producto. Pero la Guardia Civil no da la operación por cerrada: siguen rastreando perfiles de Instagram donde los mismos botes se anuncian con descuentos del 50 %.
La lección es clara: cuando la belleza se vende en un sobre de plástico sin sello, lo barato puede salirte por un riñón. Literal.