La guardia costera intercepta 60 vidas en el canal de la mona y devuelve la factura a república dominicana
El viernes, a 92 kilómetros de Aguadilla, una lancha de madera y esperanza se convirtió en negocio de devolución exprés. Sesenta personas —43 hombres y 11 mujeres haitianos, cinco hombres y una mujer dominicanos— terminaron el fin de semana donde empezaron: en puerto dominicano, bajo la misma pobreza que las empujó al mar.
La operación que nadie pidió
La cadena se activó a las 03:42 horas cuando un avión de Aduanas detectó la embarcación improvisada. En menos de dos horas el buque Thetis, un MH-60T Jayhawk y la lancha Over the Horizon cerraron el cerco. El comandante Matthew Romano habla de «coordinación fluida»; los viajes clandestinos hablan de desesperación mezclada con nafta barata.
La Guardia Costera reparte agua, paquetes de galletas y una foto de grupo antes de entregar los cuerpos a la Armada dominicana. Misma escena que el 6 de enero, cuando fueron 39. Misma advertencia de Romano: «Podrían volcar sin previo aviso». Mismo olor a gasoil y a fracaso que flota sobre el Canal de la Mona, la autopista migratoria que une la miseria de Dos Bocas con la promesa de Mayagüez.

El pasaje que se paga con cárcel
Tres de los interceptados aún están en celdas federales en Puerto Rico. El Título 8 de la ley migratoria los acusa de reincidir: volver a cruzar después de una deportación previa puede traducirse en dos años de prisión y la cancelación de cualquier visa futura. La ley no especifica qué hacer con la culpa de quien se juega la vida por un sueldo mínimo en dólares.
La Operación Vigilant Sentry suma ya 1.800 devoluciones en lo que va de año. Cada vuelta cuesta al contribuyente estadounidense unos 12.000 dólares en combustible, personal y horas de vuelo. El precio del sueño caribeño se descuenta en la factura que Washington envía a Santo Domingo: aquí tiene a sus ciudadanos, búsquelos otro puerto.
En la madrugada del lunes, mientras el Joseph Tezanos atracaba en Boca Chica, los 60 devueltos bajaron con la cabeza gacha. Algunos lloran. Otros mascullan que «lo intentarán otra vez». La Guardia Costera firma el parte, la Armada dominicana recibe el cargamento y el Canal de la Mona sigue ahí, ancho, hondo y sin respuestas, listo para la próxima remesa de ilusiones que regresarán a la orilla que nunca lograron abandonar.