La guerra en irán dispara la inflación italiana: el carro de la compra se encarece un 2,2%

El petróleo vuelve a sangrar y el bolsillo italiano lo nota. En marzo, la inflación ha saltado al 1,7 % interanual, dos décimas por encima de febrero, empujada por el precio de la energía que ya no baja: pasa de un -6,6 % en marzo de 2025 a un -2,3 % este año. El motivo no es una abstracción macroeconómica; es el estruendo de los misiles en el Golfo Pérsico y el cierre parcial del estrecho de Ormuz desde el 28 de febrero.

El estrangulamiento energético empieza en el mar y termina en el supermercado

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El Instituto Nacional de Estadística no anda con eufemismos: la subida de la luz y el gas arrastra al resto de precios. Los servicios financieros se encarecen un 4,2 %, la hostelería un 3,4 % y la comida, bebida incluida, un 2,7 %. El carro de la compra medio ya cuesta un 2,2 % más que hace doce meses. La guerra, lejos de ser un titular lejano, se cobra cada vez más caro en la pasta, el café y el almuerzo de los italianos.

Fabio Panetta, gobernador del Banco de Italia, lo advirtió en su informe anual: el conflicto en Oriente Medio ha “modificado bruscamente las perspectivas de inflación y crecimiento”. Ni siquiera un alto el fuego inmediato devolvería la normalidad al mercado energético en plazos cortos. Traducción: la factura puede seguir subiendo aunque los misiles dejen de volar.

Italia, país importador neto de gas y crudo, vive esta crisis con la frente pegada al termómetro de los mercados. Cada escalada en el estrecho de Ormuz se traduce en centavos en la bomba de gasolina y en euros en la factura doméstica. El efecto derrame ya no es una metáfora: es la factura de la luz de abril que llegará más alta aunque el consumidor no haya tocado el interruptor.

La lección es brutal: cuando el petróleo se convierte en arma, la inflación deja de ser un dato y se vuelve un impuesto silencioso que paga quien llena la nevera. Y en esta guerra, las bombas explotan dos veces: una en el aire y otra en la cuenta corriente.