La inflación en francia se dispara al 1,7 % y el insee apunta al petróleo como detonante
La economía francesa ha recibido este lunes un jarro de agua fría: los precios han vuelto a descontrolarse. El Instituto Nacional de Estadística y de Estudios Económicos (INSEE) ha confirmado que la inflación interanual se ha doblado en marzo, hasta el 1,7 %, después de meses de calma. El culpable, otra vez, es el petróleo.
La energía enciende la mecha
El repunte no es un accidente estadístico. El INSEE lo atribuye casi por completo al encarecimiento de la energía, que ha escalado un 7,3 % en doce meses tras haber caído un 2,9 % en febrero. Gasóleo, gasolina y combustibles líquidos lideran la subida, empujados por la tensión geopolítica en el Golfo Pérsico y los recortes de producción anunciados por la OPEP+.
El efecto se nota en la calle. Llenar el depósito de un utilitario medio ya cuesta 12 euros más que hace un año, según el comparador Carburants.org. Las estaciones de servicio de la periferia parisina han visto cómo el diésel se acercaba ayer a los 1,85 €/l, niveles que no se tocaban desde el pasado octubre.

Los servicios y el tabaco se suman a la fiesta
Mientras, los servicios —desde peluquerías hasta seguros— han añadido presión con una ligera aceleración que el INSEE no cuantifica pero que los consumidores perciben en la factura. El tabaco, por su parte, ha seguido su escalada imparable tras la última subida de impuestos en enero: un paquete de Marlboro ya roza los 11 euros en los quioscos de la capital.
¿Quién frena el carro? Los productos manufacturados intensifican su descenso y los alimentos moderan su ritmo, pero no suficiente para compensar. El resultado: el IPC mensual se dispara un 0,9 % respecto a febrero, el salto más brusco desde el pasado verano.
El consumo de hogares se desploma
La mala noticia no acaba ahí. El INSEE ha publicado también que el gasto de los hogares en bienes de consumo se hundió un 1,4 % en febrero, borrando de un plumazo el timido repunte de enero. El descenso interanual ya es del 1,5 % y en el primer trimestre acumula un retroceso del 0,6 % frente a los tres meses anteriores.
Traducción: los franceses compran menos ropa, menos electrodomésticos y menos coches. El temor a una nueva escalada inflacionista —y a la promesa de tipos más altos por parte del Banco Central Europeo— ha comenzado a paralizar el crédito al consumo, que cayó un 3,2 % en marzo, según la Asociación Bancaria Francesa.
El índice de precios armonizado de la eurozona, que utilizan los técnicos de Fráncfort para tomar decisiones, ya se sitúa en el 1,9 %. A este ritmo, Lagarde tendrá poco margen para anunciar recortes de tipos antes del verano. Los mercados han empezado a descontar una nueva subida en julio, y el diferencial de la deuda francesa frente al bono alemán se ha ampliado hasta 53 puntos básicos.
El mensaje es claro: la inflación ha vuelto a la mesa de los franceses antes de que se terminara de digerir la anterior. Y, esta vez, el aperitivo huele a gasolina.