La omc se hunde en yaundé: sin reforma y con el 'impuesto google' a punto de estallar

La 14ª Conferencia Ministerial de la OMC acabó a las 4:30 de la madrugada con las manos vacías y el cronómetro en contra: este martes expira la moratoria que blinda de aranceles a Netflix, Spotify o TikTok. Bruselas llora la derrota; Washington, que quería convertir la tregua en perpetua, se lleva el ceño fruncido; y los países en desarrollo, que vetaron la prórroga, ya preparan sus recaudadoras.

El plan de reforma que nació muerto

Bernd Lange, presidente de la Comisión de Comercio Internacional del Parlamento Europeo, confesó la resaca diplomática con una frase que resume el desánimo: «Los defensores del sistema multilateral se despiertan con resaca». La hoja de ruta para regenerar la OMC —paralizada desde 2015 por el bloqueo de la OMC— ni siquiera llegó a ser discutida. El consenso, única forma de tomar decisiones en la organización, volvió a convertirse en su tumba.

En el texto inicial figuraban tres ambiciones: simplificar el arbitraje de disputas, limitar el poder de veto de las grandes potencias y abrir la mesa de negociación a economías emergentes. Nada de eso prosperó. Los 166 países presentes se marcharon sin fecha para reanudar las conversaciones. El próximo intento, adelantan los delegados, podría demorarse hasta 2025.

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El 'impuesto google' que regresa

La moratoria sobre los aranceles a servicios digitales —la joya de la corona para Silicon Valley— expira este 31 de marzo a medianoche. A partir del 1 de abril, cualquier Estado miembro podrá gravar la importación de un e-book, una suscripción a Disney+ o una campaña publicitaria en Instagram. La Unión Europea calcula que los ingresos fiscales en riesse superan los 6.000 millones anuales solo dentro del mercado comunitario.

India, Sudáfrica y Indonesia lideraron la resistencia. Su argumento: si la tregua se eterniza, renuncian para siempre a un bot fiscal que podría financiar hospitales o carreteras. Washington ofreció concesiones agrícolas a cambio de una prórroga indefinida, pero el lobby de las telecomunicaciones africanas lo consideró «insultante».

Bruselas ahora teme un efecto dominó. Francia ya preparó un proyecto de ley que grava el 3 % de la facturación digital; Italia estudia un impuesto del 2 % a los servicios de streaming. Si la OMC no reinstaura la tregua, el comercio electrónico podría fragmentarse en 166 territorios aduaneros distintos. La factura, avisa Lange, «la pagarán los consumidores con precios más altos y catálogos más pobres».

El cadáver del consenso

Yaundé deja otra herida: la certeza de que el sistema de gobernanza por unanimes ya no funciona. La última reforma importante data de 1995; desde entonces, cada reunión ministerial se convierte en un ejercicio de supervivencia. El director general, Ngozi Okonjo-Iweala, reconoció en privado a los delegados que «la organización corre el riesgo de convertirse en un club de discusión sin peso real».

El Parlamento Europeo, que acudió como observador, ya prepara un informe para reclamar un mecanismo de votación por mayorías cualificadas. Pero el cambio exige la aprobación de todos los miembros, incluidos los que se benefician del bloqueo. El círculo vicioso está servido.

Mientras tanto, los gigantes tecnológicos han encendido las alarmas. Alphabet, Meta y Apple contrataron a medio centenar de lobbyists que recorren capitales africanas ofreciendo inversiones en fibra óptica a cambio de abstenerse en futuras votaciones. La batalla por la red está lejos de terminar, pero la OMC ya ha perdido la primera y decisiva escaramuza.