La semilibertad de un etarra que mató a la primera mujer policía de eta enciende la ira de las víctimas
Ángel María Telleria Uriarte, condenado por el asesinato de la primera mujer policía víctima de ETA en 1981, sale de la cárcel de lunes a viernes. Duerme entre rejas solo los fines de semana. El régimen de semilibertad que le acaba de conceder el artículo 100.2 del Reglamento Penitenciario ha desatado la indignación del Colectivo de Víctimas del Terrorismo (Covite), que no duda en calificar la medida de «fraudulenta».
La decisión, que entra en vigor este lunes, sitúa a Telleria en la lista de etarras que han logrado acceder a beneficios penitenciarios sin que, según denuncian las víctimas, exista un verdadero arrepentimiento. Covite advierte que este tipo de concesiones «desvirtúan el carácter excepcional del 100.2» y consolidan una política penitenciaria que, en la práctica, facilita la salida de los terroristas sin exigirles una ruptura con el entramado que aún hoy legitima la violencia.

La lista de etxerat y el arrepentimiento que no llega
Lo que más duele a Consuelo Ordóñez, presidenta de Covite, es que Telleria figura en la última actualización de la asociación de presos Etxerat, donde se le considera un «preso político» vinculado a Sortu. «¿Cómo puede estar arrepentido alguien que sigue siendo exhibido como héroe por la izquierda abertzale?», se pregunta. «Van a preso de ETA excarcelado por semana», lanza, y la cifra habla por sí sola: desde enero, más de una decena de etarras han accedido a la semilibertad.
El caso de Telleria no es aislado. Es la punta de lanza de una estrategia que, según las víctimas, se ha acelerado en los últimos meses. El artículo 100.2, pensado para reinsertar a quienes muestran signos claros de abandono de la violencia, se ha convertido en una vía exprés para dejar atrás las rejas sin que medie arrepentimiento. «Se cumple la ley, pero se traiciona su espíritu», sentencia Covite.
La familia de la policía asesinada en 1981 no ha querido hacer declaraciones. Pero en los pasillos de Covite se respira una mezcla de cansancio y rabia. «Nos dijeron que esto no volvería a pasar», murmura una mujer que perdió a su hermano en un atentado. «Y aquí estamos otra vez, viendo cómo salen como si nada.»
El Gobierno, por ahora, guarda silencio. Pero la presión crece. Las víctimas no están dispuestas a dejar pasar esta vez. Y la semilibertad de Telleria, lejos de cerrar heridas, ha vuelto a abrir una que nunca llegó a cicatrizar.