La tienda de la fundación franco incumple la ley de protección de datos y vende símbolos de la dictadura
La Fundación Francisco Franco vuelve a la diana. Facua-Consumidores en Acción ha presentado sendas denuncias ante la Agencia Española de Protección de Datos y la Secretaría de Estado de Memoria Democrática por la venta online de objetos que ensalzan al dictador y por ocultar quién gestiona los datos de los clientes. La asociación ya ha detectado once portales similares; este es el último.
El catálogo no deja lugar a la duda: calendarios con la efígie del generalísimo, cinturones con águilas bicefalas, corbatas en color azul sangre y medallas que imitan las condecoraciones del régimen. Todo se despacha desde una web que omite el nombre del responsable del tratamiento y silencia los derechos de acceso, rectificación, cancelación y oposición de los compradores. Bajo ese velo, el anonimato se convierte en impunidad.

La venta de objetos franquistas genera indefensión y normaliza la dictadura
Facua recuerda que la Ley de Protección de Datos obliga a informar con claridad de quién recibe el dinero y qué hace con los correos y teléfonos que se le facilitan. La Fundación incurre en una omisión esencial que, además, rompe la cadena de responsabilidad si un usuario quiere ejercer sus derechos. La trampa no es balde: cuanto más opaca sea la operación, más difícil resulta demostrar que detrás hay una estructura que se nutre de la nostalgia autoritaria.
Pero el problema no es solo administrativo. El artículo 15.1 de la Ley de Memoria Histórica prohíbe «actos de exaltación del golpe militar, de la Guerra Civil y de la represión durante la Dictadura». Vender una corbata con el yugo y las flechas es, en la práctica, una exhibición pública de ese discurso. La asociación entiende que la tienda vulnera la norma porque presenta esos símbolos como mercancía cotidiana, banalizando la represión que representan.
El negocio se sostiene en la precariedad emocional de un nicho que paga 35 € por un llavero con la efígie de Franco y 80 € por una reproducción de la «Cruz de la Victoria». La facturación exacta es un misterio: la Fundación no publica sus cuentas desde 2019, cuando declaró un patrimonio de 1,8 millones. Entonces justificó sus ingresos con donaciones anónimas y «ventas de artículos conmemorativos». El paso del tiempo y la pandemia han convertido el comercio digital en su válvula de escape.
Facua insiste en que el episodio no puede leerse solo como una infracción de consumo. Normalizar el franquismo erosiona la dignidad de las 140.000 víctimas enterradas en fosas comunes y revictimiza a sus familias cada vez que un paquete con la cara del dictador llega por SEUR a cualquier punto de España. El mensaje es demoledor: el pasado se vende, se envía y se recibe como si fuera un libro de cocina.
La Secretaría de Estado de Memoria Democrática tiene ahora en su mesa un expediente que podría derivar en sanciones de hasta 150.000 € por infracción grave de la ley de protección de datos y en una orden de cierre de la tienda si se confirma la apología del franquismo. Mientras tanto, la web sigue activa y los pedidos, en cola. La Fundación Franco no ha atendido las llamadas de este periódico.
El caso deja al descubierto una grieta que muchos preferían ignorar: el comercio electrónico ha convertido la impunidad en un producto de primera necesidad. La dictadura ya no solo se estudia en los libros; también se añade al carrito.