La tormenta de drones iraní enciende la pólvora del golfo: 25 proyectiles en 48 horas

El cielo del Golfo parece un tablero de ajedrez eléctrico. Desde la medianoche del sábado, Kuwait, Emiratos Árabes Unidos, Baréin y Arabia Saudí han interceptado al menos 25 drones y misiles lanzados desde Irán. Dos trabajadores de la planta de aluminio Alba, en Baréin, llevan vendas en los brazos que nadie les quitó durante el turno de ayer. Son la primera sangre de una escalada que, según los analistas de la región, apenas si ha empezado.

Los contadores de guerra se disparan

El Ministerio saudí no da cifras oficiales de proyectiles, pero los radares de la base de Dhahran detectaron diez aparatos entre las 02:14 y las 04:40 de este domingo. En Kuwait, los Patriot estallaron en el aire siete veces; los vecinos de Jahra grabaron el ruido y lo subieron a Snapchat antes de que la prensa lo confirmara. Los Emiratos, por su parte, se limitan a decir que “se neutralizó la amenaza”. Traducción: al menos tres misiles balísticos fueron derribados cerca de Al-Dhafra, donde EEUU guarda cazas F-22. Baréin, el más pequeño de los cuatro, decretó ayer vuelo cero para drones civiles y activó las sirenas de Manama dos veces en seis horas.

Lo que nadie cuenta es que los interceptores cuestan entre 2 y 3 millones de dólares cada uno. Irán fabrica sus drones Shahed por menos de 20 000. El gasto defensivo de la coalición supera ya los 100 millones en 48 horas; la factura la pagarán los presupuestos de 2025, cuando el petróleo baje de 80 dólares.

La fábrica Alba, en Baréin, produce el 4 % del aluminio mundial. El sábado, un dron de baja tecnología perforó el techo de la línea de fundición. Dos operarios sufrieron quemaduras de segundo grado; la compañía asegura que la producción no se detendrá. Pero los operarios hablan de olor a pólvora dentro de la sala de control y de un agujero “del tamaño de un coche” que aún no han tapado.

El tablero detrás de los satélites

El tablero detrás de los satélites

Los ataques no buscan destruir; buscan saturar. Cada dron es una ficha que obliga al rival a gastar una pieza cara. Irán lo sabe: desde enero ha lanzado más de 300 vectores contra objetivos saudíes y emiratíes, según el International Institute for Strategic Studies. La diferencia ahora es que los objetivos son infraestructura civil, no solo bases. El mensaje es claro: si vuestros aviones despegan desde vuestro territorio para atacar Houthi o Irán, vuestros ciudadanos perderán luz, aluminio o gas.

En Washington, el Pentágono ha desplazado al portaaviones USS Eisenhower al norte del mar Arábigo. En Teherán, el ayatolá Jamenei no ha dicho una palabra, pero su cuenta de Twitter publicó ayer una imagen del estrecho de Ormuz con el pie: “Los vigilantes del Golfo están despiertos”. La foto fue tomada desde un satélite iraní lanzado en enero. La ironía: el lanzamiento se hizo con tecnología rusa, pero el chip de guiado es suizo, comprado a través de una empresa fantasma en Dubai.

El mercado de futuros del Brent abrió con un alza del 1,8 % y cerró en +0,3 %. Los analistas llaman al movimiento “miedo aburrido”: nadie cree que el Hormiga se cierre, pero nadie apuesta a que el petróleo baje. En Madrid, Repsol revisó al alza su escenario de riesgo para la refinería de Tarragona: un corte de suministro de 15 días elevaría el precio de la gasolina en la Península 12 céntimos.

La única certeza esta noche es que los radares seguirán pitando. Mientras tanto, en el hospital militar de Isa Town, los dos heridos de Alba se fuman un cigarrillo en la terraza. Uno pregunta al otro si volverá a la línea de fundición. La respuesta es un silencio que suena a chasquido de seguridad al cierre de la puerta.